



La crisis económica también ha afectado de lleno a este nicho del mercado. Los turistas cinegéticos planifican sus viajes en función de las temporadas de caza y la posibilidad mayor o menor de cobrar piezas, según explica el profesor Juan Ignacio Rengifo Gallego, de la Universidad de Extremadura, en uno de los capítulos del libro “La actividad turística española, edición 2010”, obra editada por la Asociación Española de Expertos Científicos en Turismo, en colaboración con Fitur y la Editorial Universitaria Ramón Areces.
De este modo, pueden identificarse dos tipos de turistas cazadores: “los que procedieron del extranjero, cuyo número disminuyó en 2009 al igual que otros segmentos de mercado por el escenario de crisis, y los que se movieron entre unas comunidades y otras”.
De hecho, y según los datos de la encuesta Frontur, durante el año 2009 hubo 51.736 turistas extranjeros que practicaron la caza en España, dato que refleja una disminución con respecto a 2008, cuando se alcanzó la cifra de 54.692 cazadores. La mayoría proceden de otros países europeos.
Cazadores españoles
Al volumen de turistas extranjeros se suman los cazadores españoles que viajan de una región a otra. Estos movimientos se detectan gracias a las licencias de caza concedidas por las Comunidades Autónomas. En Extremadura, por ejemplo, un 15% de los poseedores de licencias de caza (11.850) residían fuera de esta comunidad.
Por otra parte, en Castilla y León existían cerca de 140.000 licencias de caza en el año 2009, un 40% de ellas a nombre de personas residentes en otras regiones. En esta comunidad, la caza mueve al año cerca de 150 millones de euros y genera cerca de 1.200 empleos directos, según datos ofrecidos por la Junta.
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