



Los agentes inician una investigación tras ser informados por agentes de Medio Ambiente de la sospecha de que, en determinada finca de caza, podría estar usándose cepos envenenados. Se comienza a indagar y se consigue localizar, en una finca del término municipal de Osuna, varios cepos con restos de carne y sardinas.
Los agentes analizan los restos de comida y encuentra en ellos restos de un veneno altamente tóxico. Tras una investigación a fondo de la finca, también localizan jaulas y pinchos, supuestamente para matar a los animales atrapados en los cepos y jaulas.
La Guardia Civil descubre que la finca estaba habilitada para caza sin tener permiso y que los carteles y tarjetas de los socios estaban falsificados. También resultó que usaban unas tablilllas con el número de matrícula del coto vecino, al cual hacía años que había dejado de pertenecer la finca.
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