



En la línea de lo previsto. La apertura de la media veda en el conjunto de la región se movió en términos de escasez absoluta, tal y como temían los cazadores riojanos que salieron a los cotos con la esperanza de que volteasen las apuestas, pero regresaron casi de vacío a sus vehículos. La codorniz brilló, en términos genéricos, por su ausencia, y buena parte de los disparos realizados con calibre del doce se efectuaron al cielo en busca de algunas de las otras especies incluidas en la relación de susceptibles de batida, en muchos casos palomas torcaces que aliviaron las ganas de probar puntería y habilidad entre el listado de escopetas que se decidieron a probar fortuna contra corriente.
En la Rioja Alta, fundamentalmente en los espacios de caza que gestiona la Sociedad Riojalteña de Haro, los asociados advirtieron poco más o menos el limitadísimo cupo de piezas por las que perrear con el animal en busca de un tiro accesible, pero al mismo tiempo menos compañeros por la campiña, en opinión de todas las fuentes consultadas por este medio reflejo del desánimo que ha acabado cundiendo entre los cazadores de la zona.
Muchos de ellos reconocieron no haber visto ni una sola codorniz. Quienes las vieron aseguraban tenerla fuera del campo de tiro y solo una cuadrilla presumía de haber abatido a lo largo de la mañana, entre las siete y las diez, cinco piezas que lucían en su cinturón como una anécdota dentro del solar de la mañana. Incluso ellos advertían que en las piezas de la zona «hay menos codornices que nunca». Otros revisaban su amplio historial y dejaban entrever que esta temporada puede ser «la peor de todos los años que llevamos con la escopeta al hombro».
Donde más tiros se registraron, a vuela pluma, fue, lógicamente, en los términos más húmedos de la comarca. En Haro, en concreto, dos: el que se sitúa entre las localidades de Anguciana y Villalba donde se capturó un puñado de aves; y el que dominan las poblaciones de Anguciana y Casalarreina, terreno de riego y plantaciones de especies hortícolas. Allí es donde, en principio, más volumen de caza se produjo, a tenor de las valoraciones realizadas por los propios interesados antes de resignarse a su suerte y disfrutar, como consuelo, del almuerzo en Fuente del Moro.
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