



Tomasa Arce explicó que en relación a los daños causados por el cánido, la Consejería «trabaja de forma cabal y constante, alejada de planteamientos emocionales». Se refería a que la filosofía del Principado es la de «no acabar con el lobo, pero tampoco con los pastores y la cabaña ganadera». En concreto, señaló que estas actuaciones se aprueban partiendo «de informes basados en datos objetivos sobre la población de lobos y los expedientes de daños tramitados».
La directora general de Desarrollo Rural del Principado hacía estas declaraciones después de que los ganaderos reclamaran de forma pública y contundente en la Fiesta del Pastor que la vertiente asturiana de los Picos fuera «zona libre de lobos», recibiendo además el apoyo de todos los alcaldes de los municipios implicados. Arce insistió, sin embargo, en que el control de la población lo determina el número de expedientes de daños diligenciados que, en 2011, sumaron 59 en el territorio asturiano del Parque Nacional, aunque los pastores insisten en que el número de bajas entre su cabaña ganadera es mucho mayor.
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