Hemingway, un cazador en África

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Ernest Hemingway visitó dos veces África realizando dos safaris, el primero tuvo una importante influencia en sus obras: “Las verdes colinas de África” (1935), “La breve vida feliz de Francis Macomber” (1936) y “Las nieves del Kilimanjaro”(1936).

Jeremiah M Kitunda, Dr. en Historia de la Universidad de Wiscosin-Madison, señala en el libro “Hemingway y África” que Hemingway “había estado leyendo sobre África y la exploración africana mucho antes de que viajase allí, y la lectura se intensificó antes del primer viaje. En París había comprado 23 libros poco comunes que hablaban sobre África” […] “cazar y la historia natural fueron intereses de toda su vida, y África había figurado en gran parte en su mente por décadas.”

Carlos Pujol en “Vida de Hemingway” relata su primer safari: “Después de cruzar el mar Rojo llegan a Mombasa, de allí pasan a Nairobi y recorren la llanura Serengetti de Kenya. Durante varias semanas, guiados por un cazador profesional, Philip Percival, se dedican a cazar leones, búfalos y rinocerontes, sin sobrepasar el cupo de caza por el que han pagado. A mediados de enero de 1934 un ataque de disentería que le dejó muy debilitado obligó a interrumpir el safari, y Hemingway fue evacuado en avión a Nairobi, sobrevolando el Kilimanjaro, experiencia que utilizará en uno de sus libros futuros […] Poco después se reanuda el safari en la costa, en la región de Malindi, para la caza del antílope. De noche, en el campamento, el guía Philip Percival cuenta a Hemingway casos que ha conocido de valor y cobardía, un tema que interesa mucho al escritor, y le relata la anécdota del esqueleto del leopardo que se encontró en la cima del Kilimanjaro”.

“Las verdes colinas de África” es un libro autobiográfico sobre su experiencia como “gran cazador blanco”, en ese primer viaje con su esposa Pauline en Kenia y Tanganica; en el que, lleno de entusiasmo por África, afirma entre otras cosas:” Ahora, estando en África, estoy más hambriento de ella”[…] “Todo lo que quería hacer es volver a África. Nosotros todavía no la habíamos dejado, pero cuando me despertaba en la noche, yo me acostaba escuchando, sintiendo ya nostalgia por ella.”

“La breve vida feliz de Francis Macomber”, es un cuento corto que transmite magistralmente, solo con mínimos diálogos y monólogos interiores, las emociones que experimentan en un típico safari en los alrededores de Nairobi los hombres y animales protagonistas: el joven millonario Francis Macomber, su infiel mujer Margaret, el cazador profesional Wilson y un león.

Macomber quiere redimirse, al ser consciente--después haber huido ante un león delante de su mujer y consentir su adulterio--de su cobardía y sentirse humillado, triste y avergonzado. Pero, precisamente porque ha conocido el miedo, un “miedo frío y hueco en su interior” puede, en su segunda oportunidad, apreciar la grandeza del valor: “No creo que nunca más vuelva a tener miedo —dijo Macomber, dirigiéndose a Wilson—. Algo me ocurrió cuando vi al búfalo por primera vez y corrí tras él. Algo parecido al desbordamiento de un dique. Era una excitación pura, grandiosa” Y experimenta “una salvaje e irrazonada felicidad como nunca la había conocido antes”, y una transformación radical: “era más un cambio que una pérdida de virginidad. El miedo se marcha como por una operación quirúrgica y algo ocupa su lugar. Eso es lo principal que debe tener un hombre. ¡Las mujeres lo han sabido siempre! ¡Nada de temor! ¡Maldita sea”.

Más información en GuinGuinBali. Una mira a África.


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