



La crisis se encuentra detrás de este comportamiento, según se mantiene desde la Federación Extremeña de Caza (Fedexcaza). Su secretario general, José María Gallardo, explica que los presidentes de varias sociedades locales llevan tiempo advirtiéndoles sobre esta práctica, que lleva a sus protagonistas a abandonar las cabezas de las reses entre las retamas porque lo que les interesa no son las cuernas ni los colmillos, sino el resto del cuerpo.
Carne es precisamente lo que buscaba el domingo el último detenido por esta actividad ilegal. Aprovechó que se celebraba una montería en Monesterio para matar de manera furtiva hasta cuatro ciervos que despiezó y empaquetó en 11 bolsas de plástico que pesaban 200 kilos.
Agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil, (SE.PRO.NA.) pertenecientes a Fuente de Cantos, le interceptaron en uno de los caminos de acceso al coto de caza en el que se celebraba la batida y descubrieron la mercancía en su todoterreno. Portaba además todas las herramientas necesarias para despedazar a los ciervos, incluido un afilador para sus machetes.
HOY ya alertó sobre el incremento del furtivismo en la región a finales de 2010. Lo que no estaba tan claro entonces es que las dificultades económicas empujaran en buena medida a desarrollar esta práctica. Ha pasado más de un año y las condiciones sociolaborales han empeorado de forma importante, empujando a muchos vecinos, sobre todo del medio rural, a intentar conseguir ilegalmente carne que o bien venden directamente o bien utilizan para elaborar embutidos.
«Por desgracia hay personas para la que se trata de una manera con la que dar un poco más de vidilla a la economía doméstica», señala Garrido, que asegura que muchos compradores no tienen problema en adquirir esta mercancía a pesar de que conocen su procedencia ilegal.
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