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Galgo Español

Galgo Español - Características básicas

galgo español 1

Grupo

10

Sección

3

Nacionalidad

Española

Talla

Machos de 62 a 70 cm y hembras de 60 a 68 cm.

Pelo

Tupido, muy fino, corto y liso; repartido por todo el cuerpo hasta los espacios interdigitales. Igual en la variedad de pelo duro.

Colores

Se consideran como colores más típicos los siguientes: Barcinos y atigrados. Negros. Barquillos oscuros y claros. Tostados. Canelas. Amarillos. Rojos. Blancos. Berrendos y píos.

Cola

De nacimiento fuerte e inserción baja, discurre pegada entre las piernas afinándose progresivamente hasta terminar en una punta muy fina.

Orejas

Anchas en su base, triangulares, carnosas en su primer tercio y más delgadas y finas en el final, donde terminan en punta redonda. De implantación alta. En atención semirrectas en su primer tercio con las puntas dobladas hacia los laterales. En reposo en rosa, pegadas al cráneo.

Cráneo

De escasa anchura y perfil subconvexo. La anchura del cráneo no alcanza la medida de su longitud. El cráneo está recorrido por un surco central bien marcado en sus dos primeros tercios.

Ojos

Pequeños, oblicuos, almendrados; preferiblemente oscuros, de color avellana. De mirada tranquila, dulce y reservada.

Nariz

Pequeña, húmeda y de mucosas negras.

Pecho

Poderoso, aunque no muy ancho; profundo sin alcanzar el codo y muy largo hasta las costillas flotantes. Punta del esternón marcada.

Miembros Anteriores

Perfectamente aplomados, finos, rectos y paralelos; metacarpos cortos y finos.

Miembros Posteriores

Potentes, huesos bien definidos, musculatura larga y bien desarrollada. Perfectamente aplomados. Corvejones bien marcados; metatarsos cortos y perpendiculares al suelo.

Pies

Pies de liebre.

Galgo Español - Ficha descriptiva

galgo español 2

• Carácter

De carácter serio y retraído; en ocasiones aunque en la caza demuestra una gran energía y vivacidad.

• Utilización

Perro de caza de liebres a la carrera, en rápida persecución y guiándose por la vista. Igualmente ha sido empleado para acosar a otras piezas de pelo como conejos, zorros e incluso jabalíes; pero la principal utilización de la raza ha sido y es la caza de liebres a la carrera.

Galgo Español: En la picota

La cultura y economía castellanas se han visto ligadas, desde sus más remotos orígenes históricos, al galgo. Hoy, cuando la agricultura ha alcanzado niveles de máximo desarrollo gracias a la tecnología, muchas familias siguen teniendo en el galgo algo más que un perro, una forma de entender la vida como acredita la afición a correr liebres y su capacidad de movilizar a miles de aficionados todos los años. Esta importancia antropológica de la raza no le ha librado de amenazas.

El galgo español es sin duda la raza autóctona que mayor daño ecológico ha recibido desde el día en que fue oficialmente reconocida, es decir, desde el momento en que debía estar protegida. Hoy resulta imposible vivir de espaldas a la ecología. El concepto de daño ecológico se ha instalado como una constante en la vida moderna, pero también hemos aprendido que la verdad ecológica es muy amplia, que la verdad no la tienen unos pocos y que hay muchas formas de acercarse con respeto a la naturaleza, como vemos en la obra de Miguel Delibes, a quien la caza le lleva a respetar y amar el campo de una manera más íntima y vital que al paseante contemplativo. Y otra manera de tener una conciencia ecológica vigilante y eficaz es enfrentarse a la degradación de nuestras razas autóctonas, incluidos los perros, incluido el galgo, quizás el más maltratado.

Nada es fácil en el galgo español, no lo fue nunca y esta raza milenaria ha tenido que superar mil contratiempos para sobrevivir. Pocos aficionados respetan tanto el hábitat y la pieza sobre la que cazan como el galguero. Raramente veremos soltar más de dos galgos a una liebre; hay que dar a la rabona la oportunidad de salir bien librada y si salta media liebre (un ejemplar joven) no se da suelta a la collera. Es preferible dejar que el animal inmaduro crezca y pueda dar la satisfacción de una buena carrera. La empresa Tábula-5, especializada en estudios sociológicos, realizó en 1996 un estudio dirigido por el sociólogo Amando de Miguel, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense. En ese trabajo bajo el título de “Caza y pesca desde la ecología” se probaba que la caza es una actividad que encontramos en todos los estratos sociales de España. Porcentualmente en España el veinte por ciento de la clase alta, el quince por ciento en la clase media y el catorce por ciento en la baja practican la caza. El siete por ciento de los cazadores reside en las grandes ciudades, mientras que el porcentaje aumenta según empequeñece la ciudad de residencia. Así, en las poblaciones medianas los cazadores son el dieciséis por ciento de la población, mientras que en las poblaciones pequeñas los aficionados alcanzan el dieciocho por ciento de la población. El estudio prueba que el arraigo de la caza es muy fuerte en el mundo rural y en autonomías como Castilla-La Mancha, Castilla y León y Extremadura este arraigo se hace público en el gran número de aficionados al galgo. Por desgracia los interesados en el cuidado de la raza y en mantenerla alejada de polémicas como los abandonos son los menos. Es necesario consolidar una imagen moderna, competitiva y respetuosa del medio ambiente del galgo y las carreras de campo.

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PELO DURO, UN DILEMA

El estándar de la raza define perfectamente el tipo de pelo en la raza, cuando dice: “Pelo tupido, muy fino, corto y liso; repartido por todo el cuerpo hasta los espacios interdigitales. Ligeramente más largo en la parte posterior de los muslos, la  variedad  de  pelo duro semilargo presenta  mayor  aspereza  y longitud, pudiendo ser variable. Aunque siempre repartido uniformemente por todo el  cuerpo llega a presentar una barba y bigotes en la cara, sobrecejas y tupé en la cabeza”

Junto a las dos variedades descritas existió un tipo de pelo largo (hoy prácticamente inexistente). El de pelo duro, conocido como “peluzón”, ha conservado muy bien el tipo antiguo, ese anterior a la invasión de los Greyhound, siendo de caracteres más temperamentales, más despiertos y de aprendizaje más rápido. Esta diversidad es el resultado de la adaptación de la raza a la variedad geográfica y climática de la Península Ibérica.

En España ambas variedades se juzgan juntas y con esa proverbial desidia que caracteriza a la Real Sociedad Canina nunca se ha tratado de incentivar la cría de ambas variedades (corto y duro) por separado, al estilo de lo que han hecho otras sociedades caninas con sus razas nacionales, como Alemania con los teckel o Gran Bretaña con los fox terrier. Hasta el momento esto no tendría mayor problema que el daño que la variedad de pelo duro ha venido recibiendo por la mayor presencia en las exposiciones caninas de los perros de manto corto. Pero recientemente se han producido cambios que pueden perjudicar al conjunto de una raza ya notablemente lesionada por las autoridades caninas en el pasado.

El galgo español se está poniendo de moda en Centroeuropa ya que cada vez es mayor el número de galgos existentes en Alemania, Holanda y Austria. El número de criadores profesionales es limitado, no llegará a media docena los existentes en Centroeuropa, que producen en conjunto una veintena de camadas. Pero estos países se han visto inundados por la llegada de miles de galgos que las asociaciones protectoras de animales trasladan desde España, donde han sido recogidos tras el abandono de sus propietarios. El club Deutscher Windhundzucht und Rennverband (DWZRV) es el encargado de controlar la raza en Alemania. Se trata de un club multiraza, puesto que alberga a todos los lebreles más los podencos (canario, ibicenco, etc.) con esa tozuda manía germana de confundir los perros que cazan exclusivamente con la vista (galgos) con los que lo hacen por el rastro (nariz), la vista y el oído (podencos) por el simple hecho de que ambos sean de constitución longilínea. Un ejemplo de la creciente afición por nuestro galgo es la buena acogida comercial que ha tenido el libro ‘Galgo Español - Der spanische Windhund’ escrito en alemán por Claudia Gaede, criadora germana con el afijo ‘Little-Lobitos’, buena criadora, como atestigua el Mejor Absoluto de la Exposición Monográfica 2004 ganado por su hembra ‘Little Lobito Barbarella’, con un juez tan buen conocedor de la raza y tan comprometido con su pureza como Francisco Salamanca Llorente.

A pesar de que Alemania es uno de los países europeos con mayor afición cinegética, la caza con galgos lleva más de un siglo prohibida, con lo que la funcionalidad del galgo es allí nula, salvo unos pocos que se dedican a la carrera en campo con liebre mecánica. La falta de especialización racial del club alemán, la ausencia de pruebas de trabajo y la mayor afición en el país por los lebreles de pelo duro sobre los de pelo corto ha ocasionado que muchos aficionados soliciten de la Verband für das Deutsche Hundewesen (VDH) que los galgos españoles de pelo corto y los de pelo largo se juzguen como clases separadas, es decir, en distinto ring. A la larga, ello puede ocasionar la imposición de un tipo de estructura muy diferente en los galgos de pelo duro, que por ignorancia tratan de comparar y aproximar al deerhound escocés. Pero, además, esto tiene el peligro añadido de que España pueda perder la posibilidad de explicar e imponer en la cinofilia mundial lo qué es un galgo y el tipo correcto de nuestra raza autóctona. La mala, por no decir pésima imagen que los aficionados a los lebreles tienen allí de nuestros criadores de galgos (como consecuencia de la campañas llevadas a cabo por las asociaciones de protección animal) no nos confiere una posición de prestigio que nos permita dar lecciones. El enorme peso de la cinofilia germánica en las estructuras de la Federación Cinológica Internacional (FCI) y la inveterada ineficacia gestionando nuestras razas de la Real Sociedad Canina pueden aunarse para que en una década los españoles que salgan a Europa a competir con un galgo español Campeón de España vean a su perro descalificado como atípico por un juez centroeuropeo formado según los criterios de la raza en Alemania.

En los últimos años hemos visto imponerse en cinología la absurda idea de que hay que parecerse a los triunfadores y los triunfadores, claro, son siempre las razas más internacionales. El generalizado espíritu de uniformidad que vivimos, el miedo a ser marginado por ser diferente y la falta de valor para opinar de un modo contrario a la colectividad, ha llevado a muchas agrupaciones de criadores de perros a pretender vestirse el traje de las razas caninas más cosmopolitas e imitar los usos y costumbres de las mismas. Así se ha llegado a negar la existencia de un genuino galgo español por estimar de mayor importancia al greyhound. Aún estamos a tiempo de parar este nuevo atentado contra el galgo español y me consta que el Club Nacional del Galgo Español está por la labor.

CANODROS: LOS CULPABLES

Y ahora vamos a retroceder casi 100 años para ver otro atentado cometido contra nuestro perro. Vivía nuestro galgo la aplacible vida rural de un perro de aldea, corriendo liebres para solaz de su propietario y comiendo pan duro a la vera de la casa, cuando su tranquilidad se vio rota por culpa de unos señoritos de Madrid que se aficionaron allá, en la lejana y brumosa Inglaterra, a las carreras de perros cuando daba sus primeros pasos el siglo XX.

No se entendería la importancia que el deporte galguero tuvo entre las clases acomodadas de Madrid sin conocer la figura Álvaro de Figueroa y Alonso Martínez, Marqués de Villabragina, hijo del Conde de Romanones y alcalde de la villa madrileña. Era el Marqués hombre de gustos refinados, muy influido por las costumbres británicas y gran dado a los deportes de competición; un sportman que se decía en aquella época, como atestigua que formara parte del equipo nacional de Polo en los Juegos Olímpicos celebrados en Amberes en 1920 (¿cuántos españoles jugarían al polo en aquellos años?). Durante una de sus estancias en Inglaterra conoció las carreras de galgos y decidió ponerlas de moda entre la aristocracia. Con este fin fundó el Club Deportivo Galguero Español (germen de la futura Federación Española Galguera) y patrocinó la construcción del Stadium Metropolitano que contaba con aforo para 20 mil personas y que actuó como el primer canódromo construido en España.

Por entonces nadie conocía en España la existencia del greyhound ni necesidad teníamos de ello. Nuestros galgos de campo para la caza de la liebre aguantaban con facilidad 2 ó 3 minutos de salvaje carrera sin cansarse, dando una lección de maestría cinegética. ¿Para qué querríamos entonces perros para carreras en pista de 20 o 30 segundos? Los socios del Club Deportivo Galguero Español importaron galgos ingleses para sus carreras y establecieron perreras de cría de la raza británica en el solar hispano.

ficha galgoEstos mismos aristócratas que patrocinaban las carreras de canódromo lo hacían con las carreras de galgo en campo. En Madrid, la primera carrera en campo se celebró en 1913 organizada por la Real Sociedad El Goloso, que daría origen en 1916 a la prestigiosa ‘Copa de Algete’, que se celebraba en la finca que el Duque de Alburquerque poseía en esa localidad madrileña. Pronto la ‘Copa de Algete’ fue un acontecimiento social que reunía anualmente a la aristocracia, asistiendo, en su primera celebración, S.A.R. La Infanta doña Luisa, corriendo una galga de su propiedad llamada “Marta”, que resultaría ganadora del concurso. De este modo los greyhound pasaron del canódromo al campo y, en un proceso similar al que padecieron el perdiguero burgalés o el pachón navarro ante la avalancha de perros de muestra ingleses, los galgos ingleses se cruzaron cada vez con mayor intensidad con los autóctonos. Bueno, todo esto está muy bien, me diréis. Pero en esos años ya estaba fundada la Real Sociedad Canina, que tiene entre sus fines el fomento y protección de las razas caninas españolas, por lo que algo haría para poner coto a tanta demencia. Pues sí señor, claro que hizo algo; le dio carta de legalidad al mayor atentado ecológico cometido sobre nuestras razas autóctonas: el mestizaje de galgo español con greyhound, inventándose la raza ‘galgo anglo-español’. Así, en su primera clasificación de las razas españolas la Canina Central se reconoce la existencia de dos galgos, denominados respectivamente galgo español y galgo anglo-español.

Estadísticamente el 42,7 % de las inscripciones en razas españolas que realiza la Real Sociedad Canina en sus 50 primeros años de existencia corresponden a un perro mestizo: el anglo-español. Entre 1912 y 1962 se inscribieron en su Libro de Orígenes 1.174 son galgos. De ellos 865 son galgos anglo-españoles y tan sólo 309 son galgos españoles. ¿Por qué se registran en el Libro de Orígenes Español (LOE) más galgos bastardos que mastines, perdigueros, pachones, podencos y sabuesos juntos? Sencillamente porque Manuel Álvarez de las Asturias, Conde de Lérida, afijo Chamartín, Presidente de la Canina, y el Infante D. Fernando de Borbón, afijo De la Vega, vocal de la misma, importan greyhound desde Inglaterra para satisfacer su afición al canódromo y los cruzan con nuestros sufridos galgos españoles. Estos dos sesudos caballeros, paradójicamente fundadores de la Asociación Nacional Contra el Ganado Híbrido, lograron con sus mestizajes un perro que no tenía ni la velocidad del británico ni la resistencia del hispano. ¡Todo un logro! El daño ecológico ocasionado al galgo español ha sido de tal magnitud que en 1982, durante el Symposiun Nacional de las Razas Caninas Españolas de la Universidad de Córdoba, Don David Salamanca pudo afirmar que era imposible encontrar galgos españoles puros. Por suerte estaba equivocado.

A MODO DE BREVE FINAL

Ayer y hoy, con sociedades y clubes caninos o sin ellos, nuestros perros autóctonos se ven sometidos a presiones, tendencias y modas que pueden ocasionarles graves daños. El galgo español sigue peleando por salir a flote de una situación social que parece irle siempre en contra. No hace mucho pude leer en una revista de la Federación Española de Galgos un artículo en el que su autor negaba la gravedad del mestizaje entre galgos y greyhound. En su opinión, nunca había existido un ‘galgo español’ como el que defienden los puristas, porque los galgos que el había visto desde mozo en el pueblo eran los ‘GALGOS’  por antonomasia. Ya sea la buena intención competitiva de los aficionados alemanes, la irresponsable actuación de los directivos de una sociedad canina o la ignorancia de un buen aficionado, lo cierto es que los peligros que acechan al correcto mantenimiento de una raza son muchos y variados. De ahí la necesidad de que los clubes de raza permanezcan vigilantes y puedan contar con un buen plantel de jueces especialistas.

(Texto: Eduardo de Benito. Fotos: Archivo).

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