



Ya me han dicho que en www.elcotodecaza.com hay una espectacular foto de dos de mi especie, que no se muestra precisamente cariñosos en la imagen. La naturaleza es así, ni los animales somos personas, ni tenemos esos sentimientos que se denominan “humanos”, ni tan siquiera nos regimos por los mismos parámetros que exterioriza la gente corriente. En la naturaleza, una gran mayoría caza para comer. Otros se defienden para no ser comidos y ponen en ello toda su experiencia. Matar y morir está al orden del día en nuestros campos. Y eso es así, aunque algunos intenten darnos una imagen que no se corresponde con la realidad y en las películas de dibujos animados todo se vea muy bonito, con unos animales seráficos y unos cazadores convertidos en los malos de la trama. Vamos, cazadores asesinos.
Otra cosa, como ya he dicho aquí mismo, es que los cazadores se pasan con nosotros.
En cuanto nos ven, leña al zorro, que es de goma. ¡La de tiros que llevo en lo que va de año!, durante los recechos de corzos y otras especies, en cuanto ven a uno de los nuestros, tirascazo que te pego. A mí ya me han limpiado un trozo de oreja, y eso que anduve listo y salí a la carrera en cuanto me olí el peligro.
Lo malo es que nos pierde lo mismo que a los humanos: el hambre, la sed o el sexo. Este verano hubo menos topillos por donde campo, así que uno se las veía y se las deseaba para llevarse algo a la tripa. Y en los rastrojos pelados, sin nada de protección, ya que retiran la paja, cada vez es más difícil cazar y cualquiera que pasa cerca te ve. Además, las rapaces están por todas partes, encaramadas a los postes y los cables de los tendidos, desde allí, auxiliados por su gran vista, dominan mucho territorio y se lanzan rápidas sobre las posibles presas. Cuando llegamos nosotros, a rebuscar...
También aprovechan, igual que hacen con otros animales (corzos, venados, jabalíes...) el tiempo que estamos en celo, con las más diversas artimañas, que para qué les voy a contar en estas líneas. Menos mal que cada vez se ven menos lazos, de esos que te agarraban por el cuello o por una pata, pero haberlos, haylos, como las meigas gallegas.
No todo va a ser negativo. En estos días andan muchos corceros en distintas zonas intentado rematar la temporada de caza de esta especie y en otras dándoles leña a los venados y a los gamos en la berrea y en la ronca. No lo tienen fácil, ya que los corzos, tras su celo, se muestran mucho más reservados, se mueven poco, salen ya de noche a los claros en busca de comida y mandan por delante a hembras y crías, que pueden detectar el peligro. A pesar de ello, alguno da la cara a tiempo para que se la rompan.
Eso es lo que pasó el otro día. Yo estaba no muy lejos del lugar en el que hacían la espera y oí el disparo que resonó por todo el monte. El corzo, herido, salió huyendo unas decenas de metros, suficiente para que por la noche el cazador, a la luz de una pequeña linterna, no lo encontrara. Menudo festín nos dimos. Hasta ocho zorros nos juntamos, con gritos, peleas y enfrentamientos para hacernos con el mejor trozo. La jerarquía al final se acaba imponiendo y fuimos aplacando el hambre hasta que no quedó más que el espinazo y una piel deshilachada. El trofeo del corzo quedó intacto en una cabeza de la que dimos cuenta de lo que pudimos. Yo intenté llevármela también, pero con la piel que le colgaba se me enredó en unos troncos de una reciente corta de los pinos y no fui capaz de seguir con ella, así que no perdí más tiempo y desistí.
Si el cazador fue listo, la encontraría a unos cincuenta metros de donde nos dimos la gran cena. ¡Muchas gracias y que vuelva cuando quiera, aunque no pensarán lo mismo unas cuantas parejas de corzos que andan por estos territorios!










Ramiro, es un artículo precioso y la imagen excepcional. Ya te dije, yo ....... prismáticos tengo buenos, pero cámaras no. Tendré que comprar para no perder imágenes de esas. Pues como ando mucho por el campo, las veo y las pierdo.
Mañana iré a hacer mi puesto palomero. Me han cortado boj y como el puesto tiene unos 15 metros de altura, me atará mi mujer el ramaje abajo, lo subiré con sogas y lo colocaré sobre una red de camuflaje arriba. Luego, iré a ver la vendimia a La Rioja y de paso cogeré unos cuantos higos.
ENHORABUENA Y UN ABRAZO.
Parece mentira, Ramiro. Ya me he leído tu artículo tres veces y no me importa decirlo. Tampoco me importa que se sepa que no soy partidario de disparar al zorro mientras en Castilla y León siga habiendo plaga de topillos y.... ahora con la siembra directa, los seguirá habiendo donde los hubo y aparecerán donde nunca los habían visto. Luego vendrán los llantos y los crujires de dientes. Te remití mi mala foto de uno sólo mientras recechaba (bueno, ... acechaba ) a la corza, pero si les vieras como juegan con los ratones cuando saben que tienen la comida garantizada, estoy seguro de que no dispararías. Me estaré haciendo viejo. Sí, no niego que he cogido muchos a lazo y con los tekels en los montones de paja y no me arrepiento. Si quieren les cito el Eclesiastés y les digo que hay un tiempo para todo. No será mi tiempo.
Todo lo de don Ramón María del Valle Inclán me lo habré leído más de cinco veces, tanto es así, que puedo citar muchos pasajes de memoria. A don Francisco de Quevedo y Villegas me lo he leído no sé las veces y me lo he aprendido de memoria en un tanto por ciento considerable. Ya ves, Ramiro, las cosas que me gustan las leo varias veces y tu artículo me gustó , me gusta y me sigue gustando y lo releeré.
No estoy muy ducho en esto de las redes sociales pero el lunes comienzo un cursillo de dos días a ver si me desasnan. ¡¡¡SON EL FUTURO!!!. Por eso me contesto a mi mismo sin darme cuenta de que tenía que haber añadido un comentario. LA EDAD NO PERDONA.
Miguel Ángel Romero Ruíz