



Estos dos días de noviembre, que se dice pronto y bien, podían confundirse con un día normal de pasa en su época, a no ser, claro está, por el clima: los grandes intervalos transcurridos entre bando y bando, y las muchas acuáticas de todo tipo que surcaban los cielos, algunas de ellas en algarabía que avisaban tormenta y anunciaban frío. Unos avisos y amenazas que no se hicieron esperar, pues el mismo sábado por la tarde ya nevó, y el domingo yo mismo observé en la zona norte de Palencia unos bandos tremendos que iban en dirección Sur sin titubear y a una altura fuera de lo normal.
Eso no es normal: bandos altos en contraste con la gran cantidad de recelosas torcaces que tienen la pitanza asegurada en los maizales de la Vega de Saldaña (Palencia). Torcaces que comen en los maizales y que van a dormir sabe Dios dónde, pero que están picadas a los maizales y por allí andarán hasta Semana Santa o más allá, pues este año apenas hay maizales cosechados. En Castilla llega Semana Santa y todavía hay maizales sin cosechar, por lo que las palomas abundan de poco acá que es un primor.
Por cierto, escrito sea de paso, los maizales se han convertido en infranqueables guaridas de jabalíes, zorros y lobos que sabe Dios cómo convivirán, pero el caso es que lo hacen. Dicen los pastores que habiendo ovejas el lobo las prefiere al jabalí, y que éstos, por su parte, hacen la competencia a los buitres con la carroña. Aseguran que los corzos se refugian en los llanos, y es más, este su seguro servidor los ha visto en su natal Tierra de Campos ¡Qué cambios! Ahora hay más corzos que liebres por los mares de Tierra de Campos.
Esta temporada ha sido pésima. Yo creí que peor que la del año pasado no volvería a haber otra jamás, pero me equivoqué, porque ésta ha sido peor. Y si las cosas siguen así, y créanme que seguirán, bien se puede afirmar ya que esta campaña ha sido peor que la del año anterior y mejor que la del próximo. Cómo lo leen. Los motivos fundamentales del fiasco han sido los siguientes:
Por otra parte, podemos enumerar cinco razones por las que este año se han quedado muchos más puestos libres que el pasado, y que también influirán en que la próxima campaña permanezcan vacíos aun más:
Huyendo de planteamientos filosóficos y circunscribiéndonos al pragmatismo matemático, en este caso aritmético, vuelvo a insistir en que, salvo en muy pocos lugares de la costa, la pasa de torcaces ha sido nefasta.
Este calificativo, sin embargo, no podemos aplicarlo a los zorzales, que han pasado en número inusitado como nunca había visto jamás en mis cuarenta años de experiencia en puestos de pasa, de los cuales treinta han transcurrido, como saben, en Montoria (Álava).
Yo no me avergüenzo de ser cazador de fringílidos con red; es más, el Día del Cazador y Pescador Vasco (ADECAP) acompaño y voy de la mano del gran silvestrista alavés Julio Ruiz Fidel. Pues bien, sepan que este año han entrado fringílidos hasta decir basta y los silvestristas se han divertido y han seleccionado como no lo habían hecho nunca. Muchos fringílidos entraron, pero pocos fueron capturaron y, en contraste muchos más murieron (y morirán) por las simientes. Los fringílidos que entran no sucumben con la liga o con la red, sino con un veneno criminal denunciado por Bruselas y muchos organismos más.
Pero aquí lo fácil es meterse con la contrapasa, el parany y con el Tordo monacal (inexistente). También los matabichos de oficio pueden estar contentos, pues a los muchos tordos pintos (Sturnus vulgaris) que había se han unido ahora los procedentes de más allá de los Pirineos, y de hecho ya se pueden contemplar esas evoluciones que al principio muchos asimilaron a símbolos cabalísticos, pero que cuando les cagaron el coche o las ventanas de su casa, esos mismos se acordaron de la madre que los parió. Y claro, enseguida llamaron al concejal de Cultura o Medio Ambiente, que lo mismo da, para que pusiera remedio a semejante temeridad. Fíjense qué densidad de tordos habrá, que ya hay especialistas en espantar a los túrdidos (Turdidae) o en darles mulé. Lo que les digo, dentro de poco esto de matar bichos se convertirá en carrera universitaria.
Y ya para finalizar, sepan que cada año entran más alondras comunes, o aloyas, como las llaman por aquí (Alauda arvensis). Ahora, no sé las que saldrán. Algún día me extenderé sobre cómo se cazan en Francia y sobre cómo se está perdiendo la costumbre aquí de cazarlas con espejuelos. Ya sé que aquí prefieren que sucumban bajo la ingesta de los venenos agrícolas y que sólo se enteren de ello los de la subvención. Y también sé que muchos de la Administración opinan que los cazadores somos unos testigos molestos.
(Texto: Miguel Ángel Romero Ruiz. Fotos:Shutterstock y Archivo)









