



El acto comenzaba con una breve introducción de Juan Garay, director general de Medio Natural y Política Forestal del MARM, que dio pie a la primera intervención, la del presidente de la Real Federación Española de Caza, Andrés Gutiérrez.
El mandatario federativo quiso resaltar la buena sintonía y cordiales relaciones que existen entre la entidad que preside y la ministra Elena Espinosa, así como con su secretario de Estado, Josep Puxeu. A continuación, y tras agradecer la presencia del General Jefe del Seprona, Francisco Gabella, hizo un poco de historia del proyecto de genética sobre la perdiz roja (Alectoris rufa), que cumple ahora tres años, y señaló que desde la Real Federación Española de Caza y Fedenca van “a luchar por una riqueza de nuestro territorio como es la perdiz roja”.
A continuación vino la exposición del “Estudio de métodos genéticos para determinar la hibridación en la perdiz roja”, de la mano de José Luis Garrido, director de Fedenca. Las primeras palabras fueron de agradecimiento hacia el Ministerio de Medio Ambiente, al presentarse “en la ‘catedral’ del medio ambiente una ilusión por una especie: la perdiz roja”.
Después pasó a explicar cómo se ha llevado a cabo el proyecto de estudio genético sobre la perdiz roja en España. En colaboración con los laboratorios del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos, el Instituto de Recerca i Tecnología Agroalimentaries de Tarragona (IRTA), el Laboratorio de Servicio Externo de Genética de la Universidad Complutense de Madrid, el Departamento de Genética de la Facultad de Biología de la UCM conjuntamente con la Universidad San Pablo CEU, la ONCFS (laboratorio Antagene), Fedenca ha desarrollado un método sencillo, útil y eficaz para medir el grado de hibridación de nuestras perdices con una fiabilidad del 95 por ciento, con el que conocer la pureza de las perdices existentes no sólo en el campo, sino también en las granjas de cría, que posteriormente se destinarán para sueltas y repoblaciones.
En España se ha detectado que la perdiz roja (Alectoris rufa) está mixturada en algunas granjas con perdiz chukar (Alectoris chukar), debido a que esta última tiene una mayor capacidad reproductora -ponen más huevos en cada puesta y cada macho puede cubrir a cuatro o cinco hembras, en lugar de nuestra perdiz roja, que cada macho cría con una única hembra- y a que produce más carne. También se ha detectado, aunque en un número mucho menor, perdices hibridadas con perdiz griega (Alectoris graeca).
La mixturación se produjo como consecuencia del incremento de la demanda de perdiz desde los años 50, al crecer también el número de licencias. Se paso de 195.000 licencias de caza en 1950 a más de un millón en los primeros años del siglo XXI, según datos presentados ayer por Garrido. Las granjas, que comenzaban a surgir entonces, necesitaban de una mayor productividad para responder a esta situación, y de ahí los cruces con perdices foráneas. Según las estadísticas que ofreció José Luis Garrido, se estima que anualmente se producen en las granjas de nuestro país alrededor de cuatro millones de aves, lo que supone una tercera parte del total de perdices que anualmente se generan entre las que nacen en el campo –entre dos y tres millones- y las que vienen importadas de otros países europeos, que suponen otros cuatro o cinco millones de patirrojas. Sobre estas últimas el presidente de Fedenca puntualizó que no todas las que llegan desde fuera se destinan a la caza.
De todo ello, se deduce la importancia que para los cazadores, y para la Real Federación Española de Caza como entidad aglutinadora de todos los aficionados, tiene averiguar qué granjas poseen perdices rojas puras o en qué cotos estaban auténticas Alectoris rufa.
Con este método de detección genética de genotipos de perdiz pura se da “una herramienta a las administraciones para poder dar cumplimiento a lo dispuesto en las normas. Los criadores también se verán beneficiados al disponer de un instrumento que les permitirá cumplir con lo dispuesto” en las diferentes normativas autonómicas y nacionales, empezando por la Ley de Patrimonio Natural y Biodiversidad, dijo Garrido durante su intervención.
El siguiente paso de Fedenca será aplicar el método de detección genético, basado en 19 marcadores genéticos específicos de perdiz roja, para confeccionar un mapa de España de pureza genética de la perdiz roja por comarcas y provincias. Para ello, se va a poner en marcha un nuevo proyecto que pretende estudiar, en un primer momento, las patirrojas de las ocho comunidades autónomas que colaboraron con el “Estudio de métodos genéticos para determinar la hibridación en la perdiz roja”: Andalucía, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Cataluña, Galicia, Madrid y Murcia.
Cada comunidad establecerá una o dos provincias, a las que se dividirá en unas quince comarcas, en cada una de las cuales se tomarán muestras orgánicas, heces, fotografías y medidas (envergadura alar, peso, longitud corporal, diámetro del pecho) de al menos veinte perdices cazadas en cada una. Con los datos de las 300 perdices que se estima se analicen en esta fase, se llevará a cabo un análisis genético siguiendo el método desarrollado por Fedenca y los seis laboratorios implicados en el Estudio genético, y un análisis sanitario para conocer el estado de la población de patirrojas de cada comarca. Con todo ello se podrán realizar mapas georreferenciados de las distintas poblaciones perdiceras de España, para conocer su pureza genética y/o su grado de hibridación, si es que hubiera.
Todo este trabajo de recogida de muestras se realizará con la colaboración de los cazadores. Así, Fedenca tiene previsto llevar a cabo una campaña de concienciación entre las 6.000 sociedades federadas de toda España para que sean partícipes de este nuevo proyecto, según anunció José Luis Garrido.
En el turno de preguntas a los genetistas de los seis laboratorios, el público mostró una gran preocupación no sólo por la existencia de un gran número de ejemplares híbridos en granjas y cotos, sino también por la propia supervivencia de la especie ante las amenazas a las que se expone, como la destrucción progresiva de su hábitat, prácticas agrícolas antifauna, el abuso de químicos en el campo, la enorme presión cinegética o el aumento de depredadores. Mario Sáez de Buruaga, presente entre el público, hizo un llamamiento a velar por el hábitat de la perdiz, que cada año “pone a la perdiz en una situación peor”.
También se puso encima de la mesa la cuestión del comportamiento de las perdices de granja una vez son liberadas en acotados e intensivos. Sobre esto Javier Caño, uno de los genetistas participantes en el proyecto, puntualizó que el comportamiento manso o sin instinto de defensa de estos pájaros ‘no es un problema de genética o de hibridaciones, sino de una crianza mal hecha’ por parte de la granja.
(Texto: Ramiro Lapeña. Fotos: Autor y Archivo)









