Hace poco charlaba con un amigo sobre aspectos de su trabajo, comentándome la “extraña situación” que debido a la economía actual se había producido en la empresa de servicios cinegéticos que gestiona. Me decía que en apenas unos meses había pasado de vivir de la opulencia y la buena fortuna de la gente, a vivir de las desgracias que ahora sufren. Si hace unos meses su empresa se dedicaba a vigilar y gestionar las fincas de personas adineradas que querían tener las especies de sus fincas de recreo más controladas, con mayores densidades y con animales de mejor calidad, a la vez que poseer unas propiedades mejor cuidadas en general que poder disfrutar en sus ratos de ocio, ahora esas mismas personas le contrataban para evitar que ahora, ante la dramática situación económico-laboral que sufren muchas personas, en e

sas mismas fincas se produjesen robos, furtivismo de piezas (buscando sólo la carne, ojo), saqueo de almacenes u otras situaciones similares.
Esta circunstancia -que parece se está produciendo en zonas rurales en mayor medida de lo que pensamos-, unida a lo que está viviéndose en la empresa de mi amigo, me hizo recordar a Ramón Gómez de la Serna, por sus palabras cuando describía la paradoja como una verdad puesta al revés para llamar la atención. Lo dicho por Ramón me parece que definen acertadamente unas situaciones que, como ésta comentada, podríamos entender como razonamientos coherentes, que conducen a contradicciones lógicas.
Recordé entonces a mi amigo un viejo texto publicado por los equipos de una conocida auditoría para directivos de empresas que, con ciertos ajustes, podríamos republicar relacionándolo con el mundillo cinegético. Se trataría de reconvertir el original “Las paradojas de la dirección”, en un moderno y actualizado “Las paradojas de la caza”. En él tendríamos que argumentar, aunque parezcan contradicciones, cómo los cambios positivos en la caza requieren una considerable estabilidad en el sector cinegético. Tendríamos que argumentar que para crear un sector fuerte y unido, un importante colectivo cazador, habría que centrarse primero en cada uno de sus individuos, en cada uno de los cazadores en particular. Tendríamos que justificar que para lograr mejorar ese gremio hemos de ir directamente a la cultura cinegética, pero utilizando métodos y un camino indirecto, de la misma forma que diríamos que para estructurar una buena delegación de funciones entre nuestros dirigentes sería necesario un liderazgo firme y enérgico. En resumen: aunque resulte paradójico, para construir hay que derribar.
Terminé la conversación con mi amigo preguntándole qué opción nos interesaría tomar para realizar el enfoque de esa publicación: si una parecida a la de Shakespeare cuando ponía en boca de Desdémona en el acto II de Otelo que “son esas viejas y amables paradojas que hacen reír a los bobos en la taberna”, u otra más preocupada y seria en la que plantear verdaderas paradojas que hagan pensar a los presuntos listos de los despachos. Y a éstos tendríamos que recomendarles primero la lectura de los principios propuestos por Stephen Covey en “Los 7 hábitos de la gente eficaz”, texto cuyas recomendaciones vienen a ser como el catecismo para más de ochenta de las cien empresas más influyentes de la revista estadounidense 'Fortune'; pero que dejaremos para otra ocasión, por pertenecer esos buenos hábitos a otra historia ajena al mundo de las paradojas.