



Permanezco un rato mirando, durante el tiempo que el metro permanece detenido en una de las estaciones camino del trabajo, la fotografía que decora un gran cartel publicitario en el que puede leerse “Andorra, quédate y mímate”. Resulta curioso cómo el contenido de la fotografía va contra toda ley de la estadística, pues en ella puede contemplarse en una maravillosa piscina de un lujoso hotel a un grupo de jóvenes, entre ellos mujeres que puedo catalogar de preciosas y hombres que, a tenor de la manera en que algunas pasajeras los m
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Debe ser, pienso, que en las piscinas de los hoteles de Andorra solo hay “gente guapa”, de la misma forma que en España, África, Europa y en todos los destinos cinegéticos que nos ofrecen los anuncios publicitarios en los medios de comunicación, deben existir sólo ejemplares de extraordinaria calidad como trofeos; aunque luego, evidentemente, cuando vamos a intentar cazarlos no logremos ni verlos, igual que nos sucede en las piscinas de los hoteles, donde nunca logramos que jóvenes mujeres como las que vimos en las fotos sean las que se sienten en las tumbonas que tenemos a nuestro lado.
Centrándonos en la caza, es comprensible que las empresas utilicen como “cebo” para engatusarnos aquello que más codiciamos –perchas abultadas y trofeos prominentes- recurriendo para ello al marketing. Este hecho nos devuelve a una triste realidad que existe en nuestro país que nos permite, como escribía Óscar Garriga en uno de sus artículos, presumir cada vez más de ser cazadores de lance, de no pertenecer al cada vez peor visto (en teoría) grupo de buscadores de trofeo, de pretender luchar contra la calificada como “trofeitis”, o buscar el figurar como abanderados del modelo de cazador ético contrario al egoísta buscador de trofeos.
Pero a la hora de la verdad, en el fondo, la única realidad que se puede generalizar en la caza, es que todos, o casi todos, queremos o el mejor trofeo, o un número muy grande de animales abatidos que nos permita pavonear ante el resto de cazadores de nuestra presunta calidad, dentro de un mundillo de fanfarrones.
En el marketing, como ciencia vinculada al mundo de la economía, es dogma de fe fiarse de la demanda que existe de un producto para ofrecerlo, buscando siempre alcanzar unos buenos resultados en las ventas, por lo que no es difícil concluir que si se ofrecen trofeos es por que la demanda está encaminada, única o prácticamente sólo, a ese producto.
Nos debería res
ultar triste ver que si en el mundo de la hostelería funciona como reclamo el “Andorra, quédate y mímate”, en el mundo cinegético terminemos por leer anuncios del tipo “Matamuchoytodobueno, paraíso donde podrás abatir muchos y extraordinarios trofeos”.
Tanto a los cazadores que ejercemos de compradores, como a los que ofrecen la caza cumpliendo la función de vendedores y al resto de las partes vinculadas al mundo cinegético, deberían explicarnos mucho mejor ese concepto tan de moda, y que todos utilizamos sin profundizar en él, sin entenderlo y sin realmente ponerlo en práctica: “sostenibilidad”. Es el equilibrio que ha de tener una especie con los recursos de su entorno y que obliga a una explotación por debajo de su límite de renovabilidad para que ésta no desaparezca.
Qué bien nos queda decir que practicamos una caza sostenible, cuando a la hora de la verdad la gestionamos siempre bajo intereses personales que, por desgracia para el medio ambiente, las especies y la misma caza, generalmente son distintos de los que la biología y etología de los animales y ese medio recomendarían.
Y que nos quede claro, que la caza únicamente de trofeos es, dentro de estos intereses, el más arraigado y el peor de ellos. La caza de trofeos es incompatible con la sostenibilidad, y en nuestras manos han dejado que matemos o no la gallina de los huevos de oro. Ya veremos qué pasa.










Hola Rafael.
Estoy bastante de acuerdo contigo en poner en relieve esta realidad en la que se está convirtiendo la caza hoy en día.
Yo lo conozco de primera mano, ya que soy gestor cinegético, y lo puedo resumir con mi propia experiencia:
Soy titular y gestor de una finca de caza de las de verdad: nada de repoblaciones, aportes artificiales sólo los justos y cuando la situación es límite (bebederos, comederos,...), repito, sólo en situaciones límite, realización de censos de fauna, tanto cinegética como no cinegética, ... lo que hace que las perdices sean de las de antes, de las que saben aguantar, porque son milenios de adaptación, pero que te exigen buenas piernas, conejos que superan enfermedades sin vacunas, refuerzos y otros inventos, es decir, animales adaptados, corzos, jabalíes, becadas, y hasta cabra.
Yo hace más de 20 años que me dedico a esto, y la demanda de caza de verdad, pagando, es muy, muy baja. Los cazadores no quieren dos perdices colgadas en tres horas, por muy autóctonas y bravas que sean, quieren tres horas tirando a las perdices. Da igual que hayan visto más de cien y sólo hayan tirado cinco veces, la gente quiere carne, y a poco que vuele, pues perfecto.
Por otro lado, gestiono y organizo recechos de montés y, curiosamente, la gente sólo se interesa por los grandes trofeos.
Todo esto hace tiempo que me ha hecho llegar a varias conclusiónes:
- Una cosa es lo que rodea a la caza y otra la caza en sí.
- Hay que distinguir entre cazar por placer, persiguiendo a la pieza en su territorio, aplicando conocimientos adquiridos a lo largo de la vida, con pagar con el único propósito de hacer "carne", lo cual es respetable.
- Desde el punto de vista comercial, a los que se nos llena la boca con "la caza de verdad", "la calidad y no la cantidad", "lo autóctono frente a lo foráneo", etcétera, nos debería de dar igual lo que ofrezcan los demás y sus precios y métodos. Debemos reconocer que no hay un sólo mercado de la caza, hay, me atrevo a decir, muchos. Vamos pues a ocuparnos de nuestra apuesta personal y a darnos cuenta de que en la mayoría de los casos, no se puede competir, a nivel de ingresos, con los grandes del sector. Actuemos pues en consecuencia y adaptemos nuestra oferta a la demanda real.
- A nivel personal, nací, vivo y moriré siendo cazador, pero mucho me temo que a este modo de vida le quedan "dos telediarios", así que ya hace un tiempo que decidí que voy a disfrutar; simplemente a disfrutar. Sólo acepto clientes que me hagan sentirme a gusto con su forma de entender el monte, y, tengo que decir, esta decisión ha sido la más sabia que he tomado en todos estos años de caza.
Con todo esto, a donde quiero llegar es, si se me permite, a dar un consejo para los que tanto critican (criticamos) en lo que se ha convertido la caza: buscad uno o varios cotos en los que de verdad estéis a gusto y en los que sus gestores/propietarios piensen como vosotros y haced vuestros esos montes, mimadlos como si fuesen vuestra patria, pasad horas en el monte, conoced sus parajes,los nombres con los que estos se conocen hace siglos, su vegetación, y los animales que en ellos habitan. A mí, tras mucho tiempo, me ha dado un gran resultado: el coto es cada vez mejor y mis clientes acaban siendo grandes amigos con los que comparto muchas jornadas. Estoy seguro de que hay más gente así, de modo que ánimo y a buscarlos.
Un saludo y buena caza.