



Tomamos la alternativa en el coso digital incidiendo en un tema tratado en la edición papel, más concretamente en las páginas de nuestra revista hermana Perros de Caza, y que ha pasado, ojo, no quiero erratas, de puntillas: el auto-nombramiento de Zapatero como Excelentísimo Señor Ministro de Caza.
El decretazo se remonta a la recepción que el señor presidente del Gobierno concedió al equipo español de tenis tras su victoria en la última Copa Davis. Aquel día, sin que el alcohómetro desvelara un exceso de interés en incrementar las exportaciones de escocés, el mandamás del Ejecutivo decía sí a la propuesta de Sánchez Vicario y anunciaba que en la siguiente remodelación del Gobierno habría un Ministerio de Deporte.
Meses más tarde, con
el Ejecutivo remodelado, es decir, con el censo ministerial modificado a la medida del leonés que nació en Valladolid, la palabra presidencial se quedaba en eso, en vocablo, volviendo a dejar en el banquillo a Jaime Lissavetzky y otorgándose a sí mismo la titularidad de la cartera de Deporte.
Apuntan los maliciosos que la intención del señor presidente y ministro de Deporte es la de poder sacar pecho por los éxitos de los deportistas españoles, triunfos que han dejado de ser una anomalía para trocarse en costumbre.
Estén acertados o errados los mal pensantes, lo que nadie puede cuestionar, totalidad que incluye a los ecologistas de subvención, es que la venatoria es un deporte, caudal de sensatez que desemboca en la conclusión de que el patrono de La Moncloa es, en calidad de plenipotenciario del Deporte, excelentísimo señor ministro de caza.
Y pregunto yo, inscribiéndome en el censo de los perversos, que si Zapatero tiene razón al presumir de que otorga las carteras ministeriales a las personas más adecuadas, ¿el leonés que nació en Valladolid es un cazador?










jajjjajjaja un Rojillo PSOista