



Si fuera consecuente con la actualidad, qué mejor que explayarme centrándome en todo lo que nos rodea en este momento a los cazadores de mayor, con especial atención a las miles y miles de citas monteras (de norte a sur, de este a oeste) que se dan en nuestras áreas de caza. Pero llevamos un par de meses en los que en las revistas del sector ya se ha hablado, ya se ha comentado, por activa y por pasiva, todo aquello que nos puede deparar la campaña 2009-10 en cuanto a cantidad y calidad de reses, en cuanto a la incidencia de la crisis en el sector y en relación con las opciones que nos encontraremos hasta fin de año. Así que repetirlo aquí está de más.
Por ello, sólo contarles a vuela pluma que ya he estado a la hora de escribir estas líneas en tres monterías y todavía no
he pegado ni un solo tiro. Nada anormal, ya que me voy acostumbrando a ello, ya que los años no pasan en balde. Además de una menor tensión, de una menor atención a todo lo que pasa alrededor del puesto, los reflejos ya no son lo que eran, y cuando te tocan unas posturas en las que primero el oído y luego la rapidez de encare y disparo cuentan, uno ya no está para muchos trotes y cuando quiere meter el cochino en el visor ya se ha perdido en la enmarañada vegetación, sin que tan siquiera haya llegado a disparar. Y cuando lo he hecho, tengo la convicción de que me he quedado atrás y que el jabalí seguirá corriendo, quizás hacia un refugio seguro, quizás hasta otro montero más certero y resolutivo. Las cosas son así y no cabe darles vueltas. Con la suma de años, y de kilos, para que la res dé con sus huesos en tierra tengo que contar con un claro como una plaza de toros para ser efectivo.
También debo confesar que nunca me he preocupado mucho ni de rifles, ni de calibres, ni de puntas, ni de óptica. Y no me ha ido tan mal hasta no hace mucho, pero ahora es cuando de verdad se debe uno centrar en lo que tiene entre las manos, con un rifle preciso, un calibre que nos asegure el poder de parada en montería y un visor con una relación adecuada que nos permita, cuando los reflejos van fallando, acelerar el proceso de meter al animal en la cruz, seguirlo y disparar antes de que se pierda al otro lado del estrecho cortadero.
Así que ando ahora viendo cómo conjugar todo esto e intentar así sumar por un lado lo que ya irremediablemente he perdido por otro. Estoy viendo rifles y visores, pero ando hecho un lío, ya que cada uno dice una cosa. Y en cuanto a las armas, me gustan casi todas, así que ya veremos. Porque uno puede no ser un experto, pero los que a simple vista me gustan más, son siempre los más caros. ¿Por qué será? En estos momentos de crisis económica en todos los sectores no está la cosa para muchas alharacas y menos para un jubilado.
Si esto de la crisis llega a todos, hasta un nombre mítico como Kalashnikov está pasando dificultades con sus rifles. Dicen que podría tener los días contados tras más de medio siglo de vida, que lo han catapultado a la fama en todo el mundo. Izhmash, la empresa que fabrica el popular fusil de asalto AK-47, inventado por Mijaíl Kalashnivov, se enfrenta a la quiebra. La cr
isis económica ha sido la gota que ha colmado el vaso, pero Izhmash llevaba tiempo sufriendo pérdidas y asfixiada por las deudas debido a que cada vez se vendían más falsificaciones del popular fusil, lo que ha desembocado en que su principal fábrica haya permanecido cerrada durante buena parte de este año. Su fama ha sido su ruina, y es que, según algunas estimaciones, se venden diez imitaciones fabricadas en países como China, Bulgaria o Polonia, por cada fusil auténtico. Dicen que el AK-47 “se encuentra en esta situación porque es tan fácil hacerlo, que cualquiera puede fabricarlo”. El Kalashnikov, que comenzó a venderse en 1947, se popularizó porque era más fácil de usar y más duradero que otras armas: “Es sencillo, es barato y es indestructible”, aseguran.
Pues lo siento, porque le tengo cariño al arma y a su inventor, aunque precisamente con ella se hayan matado a miles y miles de personas en guerras, revoluciones y escaramuzas. Pero incluso con este rifle se ha cazado en muchos países, donde el hambre está asentada, como pude comprobar en algunas zonas de Rusia, donde todavía esa mítica arma cumplía también funciones venatorias con jabalíes y otras especies. Ya se sabe. A falta de pan, buenas son tortas. Sólo me queda escribir que si no hay mal que cien años dure, la crisis económica, tampoco. Animémonos, cacemos todo lo que podamos, compremos escopetas, rifles, visores, prismáticos, que hay muchas y buenas ofertas y hay que aprovechar antes de que nos suban el IVA y otros impuestos. Y luego que Zapatero nos coja confesados.









