



La naturaleza -el campo dicen en mi pueblo─ está haciendo lo que le da la gana y los ciclos biológicos ya no son lo que eran, especialmente para los conejos. Los cazadores achacamos los desbarajustes a las pestes y al cambio climático, y las bonanzas a San Huberto. El caso es que andamos desconcertados porque cuesta mucho dar respuesta a lo que vemos, sobre todo, porque las metamorfosis se producen en cortos espacios de tiempo.
El conejo nos tiene despistados en estos últimos cincuenta años; parece que es el mismo, pero en unos sitios de su España original está ausente, y en otros amenaza como plaga bíblica. Hace quince años los cazadores nos embarcamos ilusionados en una aventura de redentores del conejo, porque nadie más ha dado un euro por él, excepto los muchos que cuestan los “conejos de oro” que se come el lince, cuando le llegan las remesas de programas mil millonarios que manejan otros. A nuestra cuenta y riesgo hemos ido a investigar una vacuna que pudiera salvar a la especie más cinegética y la base trófica de la fauna española más comprometida. Como consecuencia de este impulso quijotesco se creó una vacuna de doble efecto contra las dos enfermedades del conejo.
Por ser vacuna de virus vivo nos obligaron a hacer pruebas de calidad que, como en todas las investigaciones, no se saben los resultados hasta que no finalizan. Hemos tenido que probar que la cepa vacunal está libre de agentes extraños, es pura y estéril, es estable durante dos años, es
segura aunque se apliquen dosis diez veces mayores, y que también lo es para conejas preñadas. La vacuna no revierte a la virulencia, protege durante más de un año y sobre todo, no es perjudicial para los predadores que se coman un conejo vacunado. La Agencia Europea del Medicamento (EMEA), encargada de autorizar la vacuna, no nos ha exigido comprobar si tiene alguna connotación negativa para el hombre que se coma un conejo vacunado. Pero no hay que preocuparse. El ser humano biológicamente es plaga sobre la tierra y el pobre lince y las rapaces van camino de la extinción. Pienso yo que ha sido por eso.
Como responsable de Fedenca he asistido a las últimas reuniones sobre la vacuna, y ahora conozco de primera mano los avatares de los dos últimos años con las pruebas de campo que exige la EMEA para saber si la vacuna transmite debidamente de un conejo vacunado a otro cercano. Este asunto es la clave para la autorización, porque las demás pruebas están superadas positivamente. Las bondades transmisoras de la célebre Isla del Aire (Baleares): 40 por ciento de transmisibilidad en primer pase y 10 por ciento en segundo, han tenido que repetirse por el nuevo laboratorio Syva en Portas (Pontevedra) y allí la trasmisibilidad en el primer pase no ha llegado al 5 por ciento. Con este último porcentaje es muy difícil que el organismo europeo autorice la introducción de un virus vivo en la naturaleza, especialmente con los últimos acontecimientos de mutaciones virales. La justificación de que el virus vacunal se introduce en la naturaleza para recuperar al conejo y de paso a las especies más amenazadas de la fauna europea, no tendría fuerza suficiente para convencer a la autorizadora con ese porcentaje último.
Conociendo la buena respuesta de Baleares y viendo las dificultades que presentaban l
as pruebas de campo en Galicia tras una oleada de mixomatosis (después ha llegado otra de NHV) que abortó la prueba en marcha, se concibió, hace ya un par de años, repetir las pruebas de campo en otro lugar alternativo, para poder tomar la decisión más aconsejable sobre la base del resultado de esta segunda prueba. Y en eso andan los técnicos. En estos días están repitiendo las pruebas de campo en Zamora y en unos meses tendremos la respuesta de esta prueba definitiva.
A todo esto, la mixomatosis ya no es un problema grave para el conejo, pues la superan un alto porcentaje de sus efectivos, que crean prevalencias de anticuerpos cada vez mayores, una vez superan la enfermedad por primera vez. Últimamente, el conejo también crea anticuerpos contra el virus hemorrágico. Cuando por causas especiales de calendario y población, -aparición de la enfermedad coincidiendo con alta densidad de conejos-, los conejos se expanden hasta el punto de transformarse en plaga, mientas a escasos kilómetros otras poblaciones de conejos no levantan cabeza. Con estas cosas anda elucubrando Carlos Calvete, el científico que ya presentía esta respuesta cuando se aplicó la técnica en Melonares, repoblando con conejos de alto nivel de anticuerpos. Ahora, parece ser, busca el momento ideal para provocar una oleada de virus hemorrágico y así conseguir que los conejos que la superen dispongan de un alto nivel de defensas. Sería una excelente vacuna natural.
Hay más zozobra entre los cazadores allí donde el conejo está ausente, que es gran parte de España, que donde sus poblaciones producen daños. La primera situación tiene peor arreglo que la segunda, aunque ninguna es deseable. Por eso, no es de extrañar que después de tantos años esperando la vacuna, la mayoría de los cazadores haya perdido la confianza. Esperemos que las investigaciones acaben dándonos luz y enseñándonos la mejor técnica a aplicar.









