



¡Cómo está septiembre! Calor, sequía, polvo por doquier y rastrojos que parecen estadios de fútbol, pero de esos de tierra en los que juegan los equipos de estos pueblos por los que campo a mis anchas, sin mucha competencia, que por aquí
nos han dado leña hasta que cante el mono...
Mañanas, tardes, noches, en busca de algo que llevarse a la boca. ¡Qué dura es la vida del zorro! Para que luego digan. Este año, las piezas son más bien escasas. Y gracias a que en esta media veda los cazadores no se desaniman, -que motivos tienen para ello-, ya que salen un día tras otro al campo y las codornices brillan por su ausencia, con lo que pagan el pato algunas tórtolas que nos visitan estos días en torno a los girasoles o las torcaces que han criado en los árboles del río.
Digo que gracias a ellos, porque los perros que llevan, de los que tanto alardean, no se distinguen precisamente por sus habilidades de cobro, así que algunas codornicillas que caen en la broza y en los arroyos, en esos pocos sitios con cobertura vegetal en los que se han quedado una vez que la paja ha desaparecido, no son cobradas. Y uno, con paciencia y buen olfato, se lleva alguna de vez en cuando al estómago, así como tórtolas que caen dentro del girasol o torcaces que se hunden en las zarzas de la alameda.
Porque muchos zorros por aquí no somos, que hay épocas en que ni nos vemos, pero rapaces, a decenas. No hay más que mirar a los cables de los tendidos para ver cómo están avizorando su oportunidad. Menuda vista y rapidez tienen. En menos de lo que canta un gallo, ya se han abalanzado sobre su presa y la picotean en el suelo, sin dejar ni rastro. ¡Cómo para arrimarte cuando andan en esos menesteres!
Pero no voy a extenderme más, así que espero algún comentario de cómo ven el aumento de rapaces en los cotos de caza, y también de otras especies, que parece que los zorros somos los únicos culpables de todo, con eso de que a nosotros sí que se nos puede dar estopa todo el puñetero año. Y así nos va.
Pues nada, que aprovechen los últimos días hábiles de media veda y que pierdan muchas piezas con los inútiles de sus perros, muchos de ellos que llevan ya días aspeados con el calor y con ese mala costumbre que tienen los cazadores de no sacarles al campo hasta que no llega el tiempo de caza. ¡Ah! Y prepárense para la general, tras las perdices, que este año he visto en esta zona banditos con muchos pollos, pero según van pasando las semanas, a pesar de que se han espabilado de lo lindo, cada vez son menos lo que siguen con vida.









