



Creo que a todos nos entran las dudas, cuando queremos renovar la escopeta o comprarnos la primera, acerca de cual es la mejor. Y esto es un punto de partida equivocado. Lo ideal es buscar la que mejor se adapta a nosotros y no al contrario, nunca compréis una escopeta a la que de entrada hay que realizarle adaptaciones de cierta importancia para que encaremos bien. No es buen comienzo y puede ser el inicio de un peregrinaje de retoques que rara vez acaban dando resultado. “No hay problema, te cambio el ángulo”, o “ni te preocupes, corto aquí y lijo allí y se te queda clavada”, cuidado con esto.
Primero, partamos de un presupuesto y olvidémonos -de momento- de marcas y modelos; si tengo 1.200 euros para la escopeta, busquemos en las armerías que visitemos las que rondan ese precio, y comencemos a tocar escopetas, encarar, intentar sentir “algo” con alguna de ellas, esto es vital. Que no nos gane la vista, que nos convenza el corazón, que una escopeta adecuada y que “nos entre bien” es vital para el cazador.
No caigamos de entrada tampoco en la recomendación directa, insisto, si buscamos una semiautomática por ejemplo, que nos dejen ver y encarar las que se ajustan a nuestro presupuesto, en ese momento no caigamos en el error de probar una y quedarnos con ella, hay que mirar y mirar, probar y probar, hasta que nos convenza una. Esa sí puede ser la nuestra.
Tampoco mires a la escopeta bonita, mira a la que te queda clavada, en su sitio, en el fondo te va a dar igual si la carcasa es de un color u otro, si la madera es rubia o morena, de entrada, insisto, a lo efectivo, que es lo que resuelve los lances. Después de esto, si además, es una belleza de escopeta, ¡perfecto!, y si no lo es, que esto no os condicione.
Ya hemos visitado algunas armerías, y llevamos en la cabeza las que de entrada han pasado la primera ronda; esto de volver es importante pues no debemos comprar la escopeta en un solo día, las prisas son malas consejeras y a menudo los condicionantes de un momento (“esta es la mejor, te lo digo sinceramente, he vendido cientos de ellas...”) nos pueden pasar factura. Cabeza fría y mente clara, que buscamos nuestra escopeta, no la de otros...
Ahora toca “tomarle el pulso” a las candidatas finales, encarar, y aquí hay que afinar mucho, pero mucho. Llevemos ese día ropa en un volumen similar al que solemos llevar en las jornadas de caza en la general, y no caigamos en el error de encarar hacia el frente, pues inconscientemente vamos a ajustar la cara a la culata y debe ser al contrario, hay que ver cómo entra la culata y cómo vemos banda.
Para ello encaremos mirando hacia arriba, como apuntando a una esquina del techo, como si viésemos llegar una perdiz revolada, pero hagámoslo con los ojos cerrados, partiendo de una guardia media; deben ser varios encares repetidos, que no acomoden la culata, sino que realicen el recorrido normal en un lance de caza. Tras cada encare, abrimos los ojos y comprobamos qué vemos.
Aquí hay varias tendencias, podemos ver sólo el punto de mira o algo de banda, yo prefiero ver algo de banda pues me ayuda en muchos lances, habitualmente largos y a rabo, con las patirrojas, pero cada cual tiene sus preferencias. Malo si ves más de un pequeño tramo final de la banda (el punto y una “rampita de banda”), malo también si no ves nada de banda y debes levantar la vista para ver el punto, y extremadamente malo si ves un montón de banda o notas que la escopeta no te cuadra bien, ahí pasa algo, cada uno tenemos unas proporciones, una longitud de cuello, etc. que condicionan el encare.
Coge bien la escopeta y evita querer impresionar con un encare técnico a quienes están mirándote, vas a escoger tu escopeta, y debes aislarte de lo que te rodea como cuando pides plato o sale arreando la perdiz en la ladera; busca tu acomodo de manos en el pistolet o la garganta y en el guardamanos, la densidad de madera nos condiciona también, comprueba que te cuadra, que no debes forzar los codos ni las muñecas para sujetar bien la escopeta. Cógela con gracia y habilidad, no la apretujes como si fuese a caerse o la eleves con desgana, ¡estás valorando si te acompañará durante años y años en tus mejores momentos de caza!.
Realiza varios encares en movimiento, es decir, imagina que pasa volando una paloma y que la quieres seguir y tirar, realiza un swing y valora cómo te resulta de cómoda la escopeta en movimiento, esto es muy importante, gira a derecha e izquierda.
Puede que te hagan la prueba de ver si la longitud de la culata es “la tuya” aculatando en el codo y pasando el dedo índice por el disparador, “clavada, mira, es la tuya...”. Puede que sí, o puede que no... Encara y siente, mide las culatas de tus otras escopetas y mide la de la tienda, que no tengan diferencias o que éstas sean muy ligeras, insisto, la mejor escopeta es la que ajustándose en precio y necesidades (longitud de cañón, peso, disposición de cañones), no necesita arreglos para que te cuadre.
Si eres un cazador recién llegado a la afición intenta antes de comprar tu primera escopeta encarar varias de tus compañeros, que sientas que hay alguna que te queda bien, luego en la tienda ya tienes referencias para encarar y encarar; pide a algún compañero de confianza que te acompañe y te ayude en la elección, solo y ante tanta escopeta, con los consejos de extraños, es muy fácil caer en un error.
En fin, que esto no es sencillo y está bien que no lo sea, hay que trabajarse la elección que no es cualquier cosa encontrar la escopeta que nos entra “clavada” y que así salte el conejo entrematado, la codorniz rasa en los girasoles o la perdiz quiera escorarse o regatear en el monte, encaremos, pasemos la pieza y la abatamos con esa naturalidad que marca diferencias, que nos hace sentir como nuestra escopeta a unos kilos de metal y madera que dispara cartuchos...










gracias por tu información, lo mio es la caza mayor, es que habrá que ir pensando en ir renovando el arsenal de cara a la próxima temporada de caza