



La lluvia de estos días, a modo de chubascos intermitentes, tenues en unos casos y borrascosos en otros, nos recuerdan bastante lo que acontecía hace años, cuando el pronóstico del tiempo lo teníamos bien a través de los paraguas que figuraba en el mapa de la península Mariano Medina en el telediario, bien por los dolores y molestias articulares de ese familiar o vecino que casi siempre alertaba “me duelen las rodillas, mañana, lluvia...”.
Esta lluvia prudente vale su peso en oro para el campo y sus seres en estas fechas, espon
ja un poco la tierra que comenzaba ya a agrietarse tras esos subidones bruscos de temperatura de hace unas semanas, hace tirar las siembras, y refresca la vegetación, dando respiro a todos.
Las perdices llevan ya un par de semanas en ese tránsito previo a meterse ya a anidar y concretar su proceso, las veíamos quedonas, aguantando, la pareja junta, acompañando el macho a su hembra, que ya pesona no quería retirarse de su terreno.
A la par, una notable entrada de migratorias se ha producido en estos últimos quince días, si no recuerdo mal, la noche del 28 de abril presencié el paso de bastantes bandos (20-30 ejemplares) de abejarucos, con sus trinos reclamando una referencia cercana de otros congéneres, y entre ellos, bandetes de otros pájaros que no llegué a diferenciar porque no emitían sonido, pero siendo pájaros rechonchos y por su forma de volar, me quisieron parecer codornices.
Lógicamente el reflejo de la luna creciente de entonces no daba para mucha concreción, pero la dirección de procedencia (poniente), y su curso en paralelo a la costa y escorándose al noreste, me inclinan a pensar que en efecto, podían ser codornicillas.
En esa misma semana los machos de codorniz se desvivían reclamando desde los campos de trigo y de habas de la llanura entre Antequera y Humilladero, una vega fértil y agraciada de siempre en codornices, tanto que hasta no hace muchos años en los llanos de Antequera se colgaban muy buenos manojos en los rastrojos y regatos, a la orilla de los sorgos, en cualquier acequia.
Así las cosas, y agradecido de poder ser testigo de estos pasos medios y tardíos de primavera (es buena señal), debo manifestar mi procupación por el entorno; el campo está sufriendo, y mucho, y no ya solo por la crisis en el sector agrario (que es extremadamente grave), sino porque las tierras han perdido mucha capa fértil y viva con estas pasadas y prolongadas lluvias y sus correspondientes riadas.
Este año
puede que tengamos muy buena entrada de migratorias objeto de seguimiento cinegético, pero el mosaico está triste para recibirlas adecuadamente: poco girasol que las aguante, escasos trigos en amplias zonas, esta va a ser una temporada seguramente de cupos cumplidos a la vera de los regadíos y de recurso para cuatro ratos en los baldíos y liegos que queden si sembrar, laborear o recolectar.
Solo queda pedir que respeten las tormentas venideras, hay capa de protección en amplias zonas proclives a la puesta de perdices y codornices, pero no olvidemos que un pedrisco insolidario a destiempo arrasa una comarca entera. Sintonías religiosas aparte, recemos todos para que el campo aguante y se desdoble bien la caza, con un poco de suerte este puede ser el arranque de otro buen ciclo perdicero.









