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Julen Rekondo Bravo

El Blog de Julen Rekondo

Nací en el pueblo guipuzcoano de Tolosa, pero a los 17 años fui a Bilbao a estudiar Ciencias Químicas y posteriormente Periodismo. Soy cazador y pescador por tradición familiar, y profesionalmente he trabajado como técnico y asesor ambiental y también como periodista ambiental. Como dijo Miguel Delibes (‘La caza en España’, 1972), “Cazar es buscar, perseguir, tirar y cobrar un animal silvestre. El hombre que concentra en sí estas funciones, caza; el que delega todas menos las de disparo, tira”.

 

Una nueva imagen del cazador

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En una sociedad como la nuestra, la caza abandonó hace tiempo su ancestral condición de supervivencia, destinada a proporcionar recursos energéticos. No obstante, a pesar de haber mudado su razón de ser original, la práctica cinegética conserva gran parte de su trascendencia como elemento indispensable para garantizar un porvenir prometedor al ser humano y su entorno. Dar caza a una pieza no debe nunca reducirse al hecho puntual de un abatimiento desprovisto de sentido, sino que ha de ser concebido como el final de un proceso iniciado meses e incluso años antes de ese lance cinegético. La caza supone cuidar a las especies cinegéticas, sus áreas de descanso, refugio o alimentación, y su práctica ha de ser respetuosa, fruto de una planificación que parta de la plena conciencia de que, como recurso natural renovable que es, la sobreexplotación puede llevar a su funesto agotamiento.

La caza, entendida como una actividad recreativa y reguladora de poblaciones, es un concepto básico, hoy en día, para mantener el equilibrio de muchas especies de fauna cinegética. Además, el aprovechamiento venatorio debe generar rentas a los propietarios de los terrenos, pero sin especulaciones ni falsas expectativas. En cuanto al colectivo de cazadores, creo que ha avanzado mucho en cuanto a concienciación de buenas prácticas y responsabilidad en la gestión. Y ello, sobre todo, se ha conseguido a través del traspaso de responsabilidad de la ordenación del recurso por parte de la Administración. Cada vez se trabaja más en la recuperación de los hábitats, pieza clave de la sostenibilidad y el mantenimiento de las poblaciones cinegéticas, aunque aún queda mucho por hacer.

La alternativa de la no caza es poco realista, pues en la actualidad no se puede contemplar el abandono de la gestión del medio natural en países como el nuestro, en donde se ha alterado radicalmente la estructura de las comunidades animales y vegetales, y en donde las cadenas tróficas, las cuales hacen viable la autorregulación de los ecosistemas, se han alterado de un modo irreversible en la mayor parte de los casos. La caza, más allá de ser una fuente de recursos naturales con gran potencial, es necesaria para regular el crecimiento de ciertas poblaciones animales, y, bien gestionada, puede ayudar a la sostenibilidad del medio natural.

Cazador en un puesto de montería.

La literatura de índole venatoria es abundante y ha exprimido el perfil épico de la actividad, con narraciones enfocadas fundamentalmente a la descripción de importantes lances o viajes a terrenos ignotos donde el lector puede recrearse imaginando el cobro de grandes trofeos y especies exóticas. Sin embargo, su contribución al conocimiento y desarrollo de una actividad cinegética sostenible ha sido escasa.

A pesar de ello, en los últimos tiempos ha surgido una nueva conciencia que busca el ideal en la realización de la caza, cuyos reflejos más fieles y recientes se hallan en la aprobación de la Carta Europea de Caza y Biodiversidad, entre otros documentos. A partir de estos hitos, el nuevo contexto nos conduce paso a paso hasta alcanzar una premisa llamada a convertirse en inamovible: la caza ha de practicarse bajo una estricta planificación y sujeta a una gestión que implique tanto la conservación del recurso en sí mismo y de los hábitats en los que viven las especies cinegéticas, como de las restantes especies silvestres que comparten con ellas dichos hábitats.

Pero al imperativo de índole ambiental se le van sumando en este Siglo XXI otros condicionantes de gran relevancia. Los factores sociales, económicos, recreativos o turísticos van dotando al mundo de la caza de una nueva dimensión, cuyo valor añadido es cada vez más evidente y necesario en una sociedad marcada por su creciente carácter urbano y su progresivo alejamiento del mundo rural. Un axioma que genera incomprensión hacia la práctica cinegética, y algo que a la postre se traduce en rechazo.

Todo ello enfatiza la obligación de desarrollar una caza basada en un modelo idóneo desde el punto de vista de la sostenibilidad social, económica y ambiental, que ya se viene haciendo. Modelo que ha de sustentarse en la mejora del conocimiento, en la aplicación de las nuevas tecnologías y en la proyección de una nueva imagen del cazador.

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