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El cambio climático y las especies migratorias

Cazador 1Nuestras formas de vivir cada vez con mayores necesidades de energía, mayor utilización de vehículos a motor y más producción con grandes industrias contaminantes han concluido, a partir del último cuarto del siglo XX y lo que va del XXI, en el llamado cambio climático, provocado en estos últimos cuarenta años por nuestra necesidad energética, que nadie sabe parar. El cambio climático está condicionando las migraciones de las especies de manera sustancial.

En estos momentos, muestra llamada civilización requiere el uso masivo de combustibles fósiles como el carbón o el petróleo y sus gases, como fuentes de energía. Este aprovechamiento masivo de la energía fósil por parte del hombre y especialmente en determinados países, no sólo supone el agotamiento en un periodo corto de tiempo de esas fuentes actuales de energía, sino que está provocando que el mundo y sus millones de seres vivientes, personas y animales, padezcamos una serie de consecuencias y estemos en riesgo de sufrir cada vez más y mayores temporales devastadores, olas de calor, sequías, inundaciones y todo tipo de enfermedades asociadas que condicionan muy sensiblemente los ciclos naturales a los que estábamos habituadas las personas y desde luego la fauna.

Este año en la Cumbre del Clima de París y unos años antes en las de Kioto y Río, los líderes de un centenar de países han tomado decisiones que nos afectan a todos. Es sabido que se reúnen los países y se engañan y hacen trampas con sus promesas de “trileo medioambiental”, que nunca cumplen los más contaminantes y poderosos. Los ciudadanos leemos y comprobamos que está cambiando el clima y las estaciones responden de distinta manera, lo que es ostensible comparando la temperatura y la pluviometría históricas con las que tenemos ahora. También es evidente que algo raro ocurre  a este mundo cuando nos llegan, de cuando en cuando, esas catástrofes naturales que no respetan ni a esos países tan poderosos y nos quedamos como las vacas mirando al tren de la vida que pasa cada vez más veloz y que en el caso de los cazadores naturalistas, nos cambia todos los procesos culturales que tenemos sobre la fauna y la vida y sobre sus migraciones y comportamiento. Ya no llueve cuando llovía, ni hace calor o frío cuando lo hacía; ya no sacan los pájaros pollos en mayo o junio, porque las oleadas de calor en vez de impulsar la eclosión de la nidada lo que zorzalprovocan es que se cuezan los huevos y muera el embrión. No es extraño que tras la fiebre de los últimos días tengan las hembras que abandonar el nido porque donde antes podían nacer cuatro, doce o dieciocho pollos, dependiendo del ave y la temporada, estos últimos años tan nefastos sólo nacen un par de ellos, galpitos esmirriados, que desaparecen del mapa en dos semanas porque se encuentran un terreno envenenado donde no han nacido insectos porque son enemigos de la cosecha, aunque siempre fueron imprescindibles para que el pollo medrara y saliera adelante gracias a la proteína animal que encontraba en el campo.

Entre esas convulsiones que provoca el clima sobre la dinámica poblacional de cualquier especie, la contaminación junto con el veneno que se encuentra en el medio natural, hacen que no salgan adelante las poblaciones de determinadas aves en ningún medio donde manipula el hombre. O paramos esto o se para la vida.


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