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El Blog de José María García

Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, entré a formar parte de Grupo V en 1999, ejerciendo primero como redactor de las revistas Federcaza y Caza Mayor, más tarde como redactor jefe de las mismas y, desde 2006 hasta el momento presente, como director de Caza Mayor, así como adjunto a la dirección de Federcaza. También fui director de Perros de Caza desde enero de 2007 hasta septiembre de 2013. Soy uno de los responsables de esta página web y practico tanto la caza menor con perro como la caza mayor en montería, rececho y aguardo.

 

Siento vergüenza

Fue en uno de esos pocos ratos en los que puedo pararme a pensar con tranquilidad que me dio por imaginar qué opinarían de la actual situación que vive la caza en nuestro país tantos y tantos cazadores españoles que ya no están con nosotros porque fallecieron lustros, décadas e incluso siglos atrás.

Resultó un ejercicio mental de lo más interesante y enriquecedor pensar qué dirían, por ejemplo, de la consideración social que hoy en día tiene la actividad cinegética, de las críticas, insultos e incluso amenazas que recibimos por el hecho de ser cazadores y mostrarlo públicamente, del actual marco normativo que rige nuestra afición y que varía de una comunidad autónoma a otra, de las asociaciones ecologistas, naturalistas, conservacionistas o animalistas que no han parado de crearse en los últimos tiempos, de los cambios en los espacios naturales a consecuencia de la acción del ser humano, del declive de la caza menor y el auge de la mayor, de los precios que se pagan por practicar la caza, de la cantidad de documentos que es obligatorio portar cuando sales al monte...

En una jornada a conejos, perdices y zorzales.

Sin embargo, no era justo vaticinar sus reacciones sólo sobre asuntos en los que el colectivo cazador parece jugar el papel de víctima, por lo que también me puse en la tesitura de explorar qué les parecería la proliferación de la caza de granja, menor y mayor, en un país considerado como el paraíso de la caza salvaje, la ausencia de unión de un sector que ha permitido el ninguneo y la falta de respeto hasta de la clase política, la cobardía de numerosos cazadores al ocultar su afición a terceros por temor al rechazo social, la cantidad de asociaciones, organizaciones y federaciones de caza más preocupadas por sus intereses particulares que por defender el buen nombre y futuro de nuestra ancestral afición, el escaso relevo generacional en las filas cazadoras, la mercantilización y desnaturalización de una práctica tan poco dada al artificio y sí a la lucha de poder a poder y en buena lid con las piezas venatorias, la pérdida de tantos usos, costumbres y tradiciones en favor de los resultados y el ‘trofeísmo’, el escaso aprecio y respeto que se tiene por los animales cazados y su exquisita carne...

Expuestos así los hechos, por supuesto haciendo más hincapié en lo preocupante que en aquello que nos podría conducir a la autocomplacencia, a la hora de imaginar sus opiniones o comentarios, y considerando lo que había sido y representado la actividad cinegética en sus distintos tiempos y épocas, una sensación de vergüenza me embargó por completo. Sí, vergüenza porque sé que no somos responsables de todo cuanto nos ocurre, pero sí culpables de bastantes cosas al no habernos mostrado lo suficientemente enérgicos, vehementes y responsables a la hora de defender un legado valiosísimo que ahora se encuentra en entredicho. La caza, con todas sus virtudes y beneficios que lleva aparejados, ha pasado de ser una actividad prestigiosa a estar casi perseguida, y el cazador, que ha hecho muchas cosas bien pero que no ha estado a la altura en bastantes ocasiones, ha dejado de ser alguien respetado y admirado para convertirse en un incomprendido y objeto de todo tipo de críticas y burlas.

Tirando en una montería de cochinos.

Es por ello que ahora, más que nunca porque empiezan a acabársenos las oportunidades, sería de gran ayuda que, por nosotros, por nuestros antepasados y por los que nos seguirán en esto, a pesar de los palos que podamos llevarnos, empecemos a reivindicarnos en cualquier situación como lo que somos, cazadores, y defendamos con orgullo la afición que tan felices momentos nos depara y tan realizados hace que nos sintamos.      

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