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El Blog de José María García

Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, entré a formar parte de Grupo V en 1999, ejerciendo primero como redactor de las revistas Federcaza y Caza Mayor, más tarde como redactor jefe de las mismas y, desde 2006 hasta el momento presente, como director de Caza Mayor, así como adjunto a la dirección de Federcaza. También fui director de Perros de Caza desde enero de 2007 hasta septiembre de 2013. Soy uno de los responsables de esta página web y practico tanto la caza menor con perro como la caza mayor en montería, rececho y aguardo.

 

No quiero llorar a más cazadores muertos ni lamentar más aficionados heridos

La temporada general de caza menor y mayor 2017-18 ha terminado salvo algunas excepciones puntuales en ciertos territorios. Es, por tanto, un momento tan malo como otro cualquiera para referirme a los accidentes de caza, ya que aún estoy consternado, compungido, triste, descorazonado, asustado, desanimado por los que han tenido lugar durante la pasada campaña cinegética con balance de varios cazadores heridos de diversa consideración y también muertos.

Los cortaderos pueden ser peligrosos en las monterías si los cazadores no son responsables.

No sé las veces que en los cerca de veinte años que llevo en esto, en el periodismo especializado en caza, habré escrito y hablado sobre seguridad en el ejercicio de la actividad cinegética (muchas, me sería imposible enumerarlas, creedme), y como yo, tantos y tantos compañeros.

Además, recibí hace unos años un tiro en una jornada de caza menor que, milagrosamente, sólo me dejó ‘de recuerdo’ un plomo en la ceja izquierda, siendo testigo también de acciones de riesgo y peligro en jornadas de mayor y menor que, por fortuna para mí, quedaron en nada más que sustos.

Todoterreno indebidamente aparcado a pocos metros de un puesto.

Pues bien, a pesar de estar en contacto directo con informaciones de accidentes de caza, de cazadores heridos y muertos en estas circunstancias; a pesar de que nuestra afición se practica en muchas ocasiones en épocas y días en los que el campo no muestra su mejor cara; a pesar de ser ésta una actividad que entraña riesgos reales; a pesar de que no todos están en las mejores condiciones físicas para afrontar los esfuerzos que exigen algunas jornadas venatorias; incluso a pesar de haberme visto envuelto en un accidente y en varios que pudieron serlo y, felizmente, al final no fueron, sigo pensando que la caza es una práctica razonablemente segura si consideramos el tamaño del colectivo, el número de cacerías que se celebran anualmente y el uso habitual de escopetas y rifles en las mismas.

Pero con ser cierto lo anterior, la estadística siempre es fría, los porcentajes no tienen nombres y apellidos ni familias y amigos que los necesiten y echen en falta, los números no distinguen entre hecho fortuito y mala praxis, por eso habrá que seguir concienciando al personal, ‘picando’ hasta que los menos prudentes, los más confiados, los despistados e incluso los descerebrados (que también los hay, para qué negarlo), asuman que la seguridad en la caza (antes, durante y después) es innegociable.

En definitiva, hay que poner freno a los accidentes para no lamentar más cazadores heridos ni llorar a más cazadores muertos.

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