



Durante Venatoria, en compañía de mi buen amigo búlgaro Freddy, en la conversación que ambos manteníamos salió el tema de la hipocresía y fariseísmo que encierran muchas de las manifestaciones que realizamos los cazadores actuales.
Sobre este particular ya me despaché a mis anchas en una carta del director de ‘Caza Mayor’ en octubre de 2010 (nº 139), poniendo el acento en tres vocablos muy comunes en los últimos tiempos relacionados con la práctica cinegética: ética, deportiva y conservacionista. “Quizá en otra época, cuando los ataques contra la caza eran todavía más enconados que en la actualidad, tuviese sentido revestir nuestra afición con palabras de este tipo para protegerla, pero hoy, sin nada que demostrar en cuanto a los beneficios que reporta esta actividad al medio natural, aunque sí tengamos que seguir defendiéndonos de ‘los de siempre’, creo llegado el momento de que empecemos a hablar sin tantos eufemismos, dejando de utilizar algunos clichés que se han acuñado a nuestro discurso sin demasiado acierto.
Empecemos con la perogrullada de la caza conservacionista, pues de no ser conservacionista, no podríamos hablar de caza, sino de exterminio. Esto, que se entiende bien en nuestros días, cuando cazamos lo adecuado para poder seguir cazando, se comprende aún mejor si nos referimos a la antigüedad, cuando cazaban lo necesario para sobrevivir, sin poner nunca en peligro sus fuentes alimenticias.
Sigamos con la ilusoria caza ética. ¿De verdad alguien ve ético abatir un corzo a cien metros, pongo por caso, o frenar la carrera de un conejo mediante un haz de perdigones? La caza son muchas cosas, a mi juicio beneficiosas todas y cada una de ellas, pero ética, lo que se dice ética, no me parece.
Terminemos con la caza deportiva, en mi opinión una gran falacia que se cae por su propio peso. Y es que por más que pienso en los duros recechos de montaña tras rebecos y monteses, así como en las maratonianas jornadas de caza al salto tras las perdices en los llanos, modalidades ambas donde la exigencia física es mayor, no veo deporte, tampoco fair play, por ningún lado, sólo afición y personas que disfrutan cazando”.
Pues bien, volviendo a la charla de hace unas semanas, Freddy trajo a colación aquello de “dar oportunidades a los animales” como un ejemplo más de lo anterior. Y razonaba sobre esto afirmando que él, cuando sale a cazar, va pensando en todo menos en dar oportunidades a las piezas cazables. Respetando siempre el marco legal existente, mi amigo confesaba albergar las ‘peores intenciones’ para con los animales objeto de caza en cada una de sus jornadas venatorias. Yo suscribo plenamente su discurso, entre otras cosas, porque no me da por toser adrede cuando tengo un macareno a pocos metros de la postura de aguardo, ni efectúo un primer disparo al aire para comprobar si ese bonito corzo que he localizado y tengo a tiro huye o se queda para que lo mate, ni le concedo la posibilidad de ganar la espesura a ese conejo que atraviesa raudo un pequeño claro, ni oriento al perro hacia donde sé que no ha volado el bando de perdices...
Por el simple y obvio hecho de llevarse a cabo la actividad cinegética en sus hábitats, las especies venatorias gozan de suficientes oportunidades para eludir la acción predadora de los cazadores, siempre que ésta se enmarque en la legalidad vigente en cuanto a periodos, horarios, cupos, equipo empleado, edad y sexo de los ejemplares a abatir, etc., así que ahorrémonos cinismos y llamemos a las cosas por su nombre, pues cazar es cazar -adornado con todo bucolismo del mundo o mostrado de forma cruda y sin aditamentos- y dar oportunidades a las presas no deja de ser, en mi opinión, una compleja abstracción, una entelequia que rezuma acomplejamiento y una soberana gilipollez más propia de los que mean colonia.










Buenas,
Estoy de acuerdo en que la caza no es ni ética ni deportiva, la caza es caza (aunque no siempre tampoco). En un foro que no diré alguien echaba en cara a otro que su caza no era deportiva, que la suya sí lo era y mucho (caza de pluma y perro). No dije nada aunque me quedé con las ganas de preguntarle que tiene de ético acercarse a la muestra de perro y soltar una perdigonada al pájaro que sea, o de deportivo o del nombre que se le quiera poner. Creo que desde que bajamos del coche partimos con ventaja respecto a los animales que cazamos, y de nosotros depende como gestionamos esa ventaja, si como cazadores responsables o como carniceros sin cabeza. Hay muchos ejemplos, pero uno que me gusta bastante es el de la liebre a vuelta con perros de rastro, donde la "ley" dice que no se le tira en arrancada sino cuando vuelve, en el caso de que sepamos hacerla volver. Ejemplos contrarios hay también muchos y no vale la pena nombrarlos.
Al entrar en el arroyo, sale el conejo, que los perros no han echado, el no tirarlo, no es darle ventaja? No es ético? Sobre la deportividad mejor no opinar.
Al fin y al cabo es un ejercicio de egoismo, ya que disfruto matando, si matando lo que me echa el perro y ese estará otro día a ver si los perros están mas avispados.
Un saludo.