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El Blog de José María García

Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, entré a formar parte de Grupo V en 1999, ejerciendo primero como redactor de las revistas Federcaza y Caza Mayor, más tarde como redactor jefe de las mismas y, desde 2006 hasta el momento presente, como director de Perros de Caza y Caza Mayor, así como adjunto a la dirección de Federcaza. Soy uno de los responsables de esta página web y practico tanto la caza menor con perro como la caza mayor en montería, rececho y aguardo.

 

¡Cuidado con las fotografías!

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Desde aquí reivindico la importancia de las fotografías tomadas tras nuestras jornadas de caza, aunque eso sí, instantáneas hechas siguiendo unos criterios mínimos de estética y en las que se muestre el más absoluto respeto por las piezas abatidas. De sobra sé que no todos hemos nacido agraciados y que el objetivo de la cámara no nos quiere a todos por igual, pero eso no quita para que elijamos bien el entorno donde fotografiarnos con las capturas, coloquemos éstas de la forma más digna posible y adoptemos una pose que evidencie nuestra satisfacción sin caer en la burla o la irrespetuosidad.

Viene todo esto porque a pesar de que cada día más el buen gusto está presente en las fotografías cinegéticas, siguen siendo todavía muchas las que merecen mi más contundente reprobación. Y si no, a ver si les suenan algunos de estos ejemplos.

Está la clásica instantánea, sobre todo relacionada con la caza menor, en la qP1010156bb_0ue el sujeto no tiene mejores lugares donde inmortalizarse que en la terraza, cocina, recibidor, patio o garaje de su vivienda. Las imágenes hay que tomarlas siempre en el campo, allí donde se ha desarrollado la jornada venatoria, y en el caso de que nos hagamos acompañar por un perro, éste nunca debe faltar junto a nosotros y las piezas cobradas. 

Otra costumbre muy alejada de lo deseable es retratarse junto a la cabeza cortada de un animal de caza mayor. Casi siempre tendremos la oportunidad de evitar esto, pero hasta en el caso de que nos sea imposible porque el cuerpo esté demasiado deteriorado por la acción de los depredadores, entre otros factores que podemos encontrarlos a la hora del cobro, existen posibilidades de disimular la falta del cuerpo en la toma. Lo que no es de recibo es que encima hagamos alarde de este hecho cogiendo la cabeza o el trofeo con nuestras manos y pongamos cara de forajidos o cuatreros alegres tras tener el botín en las manos.

A pesar de que la práctica cinegética lleva aparejada la muerte de los animales, no estaría de más que tratásemos de reducir la presencia de sangre y vísceras en el escenario elegido para tomar las fotografías. Poco cuesta mover una res unos metros para ubicarla en un sitio limpio, y menos aún colocarla de forma que se disimule la zona de su anatomía más dañada por el disparo. 

Y están también aquellas instantáneas en las que el aficionado hace gala de una irreverencia inadmisible hacia el animal o animales que acaba de cazar. Actitudes burlescas y posiciones del cazador nada afortunadas en relación a las piezas muertas son tristemente habituales, lo que arroja una indigna imagen de un colectivo sobrado de enemigos. A la vista de estos retratos a uno se le caen los palos del sombrajo y acepta como normales algunas críticas que sobre nosotros vierten nuestros antagonistas.

Podría poner algunos ejemplos más de lo poco sensibles que somos a la hora de inmortalizarnos después de practicar esta hermosa afición que es la caza, pero creo que con los arriba expuestos es suficiente. Sólo pedirles que en lo sucesivo, piensen un poco antes de sacar la cámara del zurrón, ya que las fotografías venatorias deben ser un magnífico recuerdo de lo vivido en el monte, no un dechado de despropósitos que ni a los amigos se puede enseñar sin correr el riesgo de que nos saquen los colores. Y si aun así persisten en la cutrez y el mal gusto, y además pretenden exhibir públicamente sus 'hazañas', no les extrañe que tanto nuestras revistas como esta misma web cierren las puertas a sus 'trabajos', pues flaco favor les haríamos a ustedes y, sobre todo, a la actividad cinegética, que correría una vez más el riesgo de ser vilipendiada por aquéllos que no dudarían en convertir esta excepción descrita en regla.  

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Estoy totalmente de acuerdo con esta carta, si nosotros no cuidamos lo que mostramos de nuestra afición en las fotografías, no intentemos que nos entiendan los contrarios a la caza.
Cuidemos un poco nuestra imagen de cara a los no aficionados, de esta manera tendremos muchos mas argumentos para rebatirles.

Muy buen cometario.
Gracias.

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