Reconozco que hasta el día de hoy había sido un admirador incondicional de Arturo Pérez-Reverte, por su precisión y conocimiento del lenguaje, por su prosa y forma de escribir, y por saber llamar a las cosas por su nombre. Siempre se ha distinguido por no tener pelos en la lengua, pero hace unos días me quedé de piedra ante lo que leí en su Twiter, y luego han recogido diferentes publicaciones por internet, ta... [Leer más]






















