



Todo lo demás vino después, me refiero a las consideraciones de matarifes, puteros, furtivos y crápulas. Vayan sumando epítetos justamente merecidos y el producto final será un justo resultado que coincide con el mayor insulto con el que le puedan acusar a uno: que le llamen cazador.
Si hay alguien que conozca sector que goce de más descrédito y desmerecidos es porque antes fue cazador. En esta senda de prejuicios y arrebatos todo encuentra disculpa, menos el crimen d
e ser cazador o encubridor de cazadores. La treta consiste en ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio; si fuera por deseo manifiesto de algunos existiría un Tribunal de Caza que se ocuparía de juzgar los delitos de lesa humanidad, es decir, las cacerías que legalmente se organizan en nuestro país y contribuyen al sostén del ecosistema y la revitalización de los campos. Eso sí, de ser juzgados los cazadores no se salvaría juez o magistrado que no quedara impune o bajo sospecha, pues el mayor pecado que pudo cometer fue único: nacer. No nos engañemos, pues lo único que uno puede sacar en claro en todo esto es que el delito es antológico, lo cometieron Adán y Eva, lo demás es secundario.
De no haber nacido no tendría que apologizar sobre los males que se ciernen sobre el mundo de la cinegética. De no haber nacido no tendría que haber visionado un reportaje emitido en la cadena pública de televisión, donde la caza y la lujuria es un todo en uno, confundiendo el rastrojo con el árbol, que es el cazador.
Resulta paradójico que RTVE, que tanto había hechoa favor de la caza con la emisión de ‘Jara y Sedal’, dé bandazos intentando teñir de caza un reportaje de turismo sexual localizado en Cuenca, aunque sean unos franceses quienes, con la excusa de llevar la escopeta en el maletero, viajen al país vecino a desfogarse con unas prostitutas. Llegados a estas alturas, la falta de lucidez me impide vislumbrar si hay más puteros que cazan o más cazadores que putean, aunque no creo que sea eso lo importante, sino que se quiera meter todo en un ‘pack’ con el que seguir vendiendo una imagen zafia de todo lo que apesta a caza.
En fin, la única conclusión a la que puedo llegar es que el auténtico caníbal es aquel que lo digiere todo por igual.









