Si no existiera la caza, habría que inventarla

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Mientras en algunos foros siguen insistiendo en culpar a los cazadores de todos los males que afectan a diversas especies y a nuestros ecosistemas, en acusarles de crueldad y de mil cosas más, en intentar hacer creer a la opinión pública que somos el enemigo público número 1, insensibles y asesinos, la realidad es otra muy distinta y los datos que tenemos a mano se encargan de demostrarlo.

Cuando estábamos a punto de poner punto final a otra temporada de caza mayor en nuestro país, saltaban las alarmas en algunos medios de comunicación y se denunciaba que los jabalíes eran ya un verdadero peligro en la Comunidad de Madrid. Y parece ser que a ellos sí les hacen caso, pues nosotros venimos denunciándolo desde nuestras publicacioncochino-da__oses durante años, reclamando medidas de control adecuadas mediante la caza, con aprovechamientos sostenibles, para garantizar que las poblaciones de diversas especies no se disparasen, con los peligros que ello conlleva, y también para evitar la aparición de brotes de diversas enfermedades y epidemias, con las que la naturaleza pone coto a una situación a la que nuestras autoridades medioambientales no han sabido hacer frente.

Hemos dicho por activa y por pasiva que la solución al control poblacional no está en la contratación de mercenarios, ni mucho menos en esa política de hechos consumados, de no querer ver la realidad que nos rodea, haciendo oídos sordos a las legítimas demandas de los cazadores y oyendo los cantos de sirena de grupos pseudo conservacionistas, más preocupados precisamente de preservar sus subvenciones que de otra cosa. Así que no creo que les sorprenda leer en la prensa nacional que los jabalíes están invadiendo Madrid, en una irrupción pacífica pero peligrosa.

Hasta hace poco las apariciones se limitaban a las épocas de sequía. Algunos rompían o saltaban las verjas del Monte de El Pardo, se aventuraban a pasear por el hipódromo y llegaban a la M-30 o M-40 provocando situaciones de peligro. Otros bajaban a buscar agua junto a las urbanizaciones y era fácil verlos en las calles de Las Rozas, Majadahonda o localidades cercanas. “Siempre ha habido jabalíes, pero en los últimos tiempos se ha disparado el número”, afirman.

Actúan como depredadores y destrozan las cosechas. Estas semanas, poco después de la siembra, “se están llevando por delante todo lo que pueden. Dejan rastros inconfundibles y son un peligro, además de para los agricultores, para la salud”. Son depredadores, comen incluso animales muertos y luego trasmiten todo tipo de enfermedades, como la brucelosis, la rabia y la triquinosis. Un guarda forestal que conoce bien los campos madrileños afirma que son como una plaga. Destrozan los sembrados, los pastos para la ganadería y los cotos de caza. “Hay una plaga, es una bestialidad, hay que poner en marcha medidas excepcionales”, afirman los agricultores, que proponen que durante los próximos dos años se hagan descastes para regular el número. La Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos de Madrid (UPA) ha denunciacochino-controldo que la población de jabalíes está causando graves daños en las explotaciones agrícolas.

Al parecer, por los campos madrileños, al igual que en otras comunidades en las que se mantienen muchas zonas protegidas donde no se autoriza la caza, hay unos 10.000 jabalíes. También son un peligro para los automovilistas, como ha pasado en Castilla y León, en Galicia y en otras autonomías. En Medio Ambiente aseguran que se facilitan los permisos para esperas nocturnas y para batidas. Pero, al parecer, es insuficiente. Un jabalí puede recorrer más de cincuenta kilómetros en sus correrías nocturnas y su caza nunca ha sido fácil. Y si no se conceden las suficientes autorizaciones... El presidente de la Federación Madrileña de Caza, Nicanor Ascanio, señala que si sigue manteniéndose esta baja presión cinegética, en tres o cuatro años se acercarán más a las ciudades, “pues cada vez parece que tienen menos miedo”. Los agricultores recuerdan que la responsabilidad de gestionar la fauna salvaje es de las administraciones públicas, no de los agricultores y ganaderos, y piden que Madrid establezca mecanismos para que, cuando se produzcan estos daños, se pueda peritar rápidamente y se agilicen medidas, como la concesión de permisos a los cazadores. Pero, lamentablemente, luego la realidad es otra. Los peritajes llegan tarde y la efectividad del control de esas poblaciones está cada vez más en entredicho. Lo cierto es que ahora es el momento de adoptar medidas, no de palabrerías. Y al final, tendrán que darnos la razón y reconocer que si no existiera la caza, debiéramos inventarla.

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