



En cuanto pasan estas, para mí, odiosas fiestas navideñas, de fin de año y de Reyes, en las que tenemos que desearnos paz, amor y prosperidad y hacernos regalos como si nos fuera la vida en ello, volvemos a la realidad, nos marcamos una serie de objetivos que raramente cumpliremos (adelgazar, ir al gimnasio, acabar todo lo que tenemos pendiente, aprender o perfeccionar nuestro inglés, hacer ese viaje o esa cacería con los que venimos soñando) y volvemos a la rutina diaria del trabajo y de nuestras relaciones personales. Menos mal que tras el paréntesis impuesto por los compromisos familiares, podemos volver al campo para intentar rematar una temporada de caza mayor que se ha movido en el terreno de la irregularidad, tanto desde el aspecto climatológico, en el que hemos pasado de la sequía y el calor hasta casi finales de año a las lluvias prolongadas de varias semanas, como en el de las capturas, con buenos resultados en algunas zonas y no tan satisfactorios en otras.
Así que en estas semanas que nos quedan antes de que se instale la veda en todas las comunidades autónomas y la campaña de batidas y monterías pase su última página, les animaría a que con los contenidos de esta Caza Mayor que a
monteriashora tiene en sus manos, programe sus salidas para este febrero, ya que por oportunidades no va a quedar. Todavía hay muchísimas citas monteras que cuentan con puestos, incluso con precios más atractivos que en años anteriores, porque como todos sabemos, las crisis económica se viene notando, y de qué manera. Elija bien y viva la emoción que sólo podrá encontrar en nuestros montes y sierras, cuando esperamos, tras la ladra de las rehalas, que la res cruce, brindándonos esos lances que, acumulados en nuestros recuerdos, conforman nuestro acervo venatorio. En nuestros propios genes está esa predisposición del hombre hacia la caza, del hombre primitivo y originario con una actividad unida indisolublemente con nosotros desde la noche de los tiempos, aunque ahora a algunos pseudoecologistas parezca molestarles.
Precisamente, en este nuevo año he podido leer un informe en este sentido, elaborado por un equipo de paleontólogos españoles que trabaja en Tanzania, en el lugar conocido como la cuna de la humanidad, porque fue allí donde los antepasados humanos dieron sus primeros pasos evolutivos. Y lo hicieron, según los expertos españoles, cazando grandes animales, cuya carne se convirtió en una parte fundamental de su dieta. Según sus conclusiones, “desde el principio fabricábamos lanzas y compartíamos la comida con otros congéneres, lo que implica un grado de organización social”. Estos hallazgos han dado un vuelco a la hipótesis que había tomado fuerza y que defiende que los primeros humanos fueron carroñeros, que se aprovechaban de la caza de los grandes carnívoros porque no tenían suficiente inteligencia para luchar contra los peligrosos felinos. La idea de que los humanos carroñeaban surgió en Estados Unidos, en un intento de dar una visión menos agresiva del ser humano. “Pero si fuera así, se habrían quedado siempre con los restos que no querían otros animales, es decir, los peores, y lo que vemos en el yacimiento eran piezas muy nutritivas”, explica el paleontólogo.
Según su hipótesis, “había tantos carnívoros en la zona que, sin cazar, habría sido muy difícil conseguir carne. Iban a unos lugares para conseguir la materia prima de sus lanzas, a otro para tallarlas y otro más al que transportaban la caza. Todo indica que lo consumían de forma colectiva, porque había restos de animales de entre 100 y 200 kilos”. “Nos ha permitido constatar que hace 1,2 millones de años, los seres humanos empezaron a necesitar animales muy grandes, porque la carne era fundamental en su dieta y para cazarlos necesitaban una estrategia, organizar la actividad de forma colectiva, lo que implica una mayor capacidad de comunicación verbal”. Vamos, que en resumen, sin la caza no hubiéramos sido lo que hemos llegado a ser, aunque por lo que vemos a nuestros alrededor, tampoco parece que el hombre haya aprendido ni evolucionado demasiado en tantos miles de años.
Pd. A finales de diciembre, roto su corazón como por un rayo, se nos ha muerto -Dios mío, otro amigo más que me deja- Ángel Gracia, al que tanto quería y con el que he compartido tantas cosas. No me quedan ya palabras de dolor, ni tan siquiera intento plasmarlas en esta página. Sólo me resta rezar una oración, pedirles que a ella se sumen conmigo, y enviar mi beso y mi abrazo a su mujer Manoli, a sus hijos, a toda la familia. Descanse en paz.









