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El blog de Félix Sánchez Montes

Profesor de informática, webmaster y community manager de profesión, bisnieto, nieto e hijo de monteros, nací hace sesenta años en Córdoba y desde que recuerdo, en mi entorno, se habló de caza. Tuve unos magníficos maestros en el arte cinegético que me enseñaron sobre todo a respetar y amar sus tradiciones. Colaborador asiduo en revistas y web venatorias, administro varios grupos de caza en redes sociales y varios blogs de temática montera y rehalera.

 

Sin rehalas no hay monterías. ¿A qué esperamos para unirnos y actuar?

Nos quedamos sin caza social, sin rehalas y sin nuestra montería tradicional si no nos unimos. Hay que actuar ya, salir a las calles, exponer nuestros problemas y lograr que nos escuchen. ¿A qué estamos esperando? Sé que no estoy solo en esta lucha contra lo que considero una injusticia, y sé también que hay más cazadores que opinan como yo.

La caza no es solamente una actividad comercial; no es más cazador el que más piezas consigue o va a las mejores monterías. Estamos equivocando nuestro camino, perdiendo el norte. La caza es mucho más, no solamente dinero. Es tradición, una manera de vivir y sentir lo que nos gusta. Sin rehalas no podría existir la montería, son el alma de la misma, y en especial me estoy refiriendo a las rehalas no comerciales, las usadas en la caza social, y ambas, si no lo remediamos, están en trance de desaparecer si no buscamos soluciones.

Rehalero.

El problema y grande que tenemos el colectivo de cazadores es nuestra falta de unión en los asuntos que nos afectan directamente, y así nunca lograremos nada. Es un claro exponente de acoso a una actividad que nuestros gobernantes y políticos no entienden ni quieren entender. La caza es una actividad que está considerada por ellos como “políticamente incorrecta”, no les interesa estar en contra de grupos minoritarios anticaza, que curiosamente están subvencionados por ellos al considerarlos grupos ecologistas. Y así tenemos que un colectivo que entre todas sus modalidades agrupa a más de un millón y medio de practicantes, está siendo ignorado y atacado por grupos minoritarios que ni entienden ni quieren entender la caza.

Y el ataque de estos políticos no va dirigido contra el fuerte, ¡no! Se ataca a los más débiles, al rehalero que pierde dinero todas las temporadas por sacar sus perros al campo, por una afición mamada de sus mayores; al acemilero que un fin de semana intenta ganar un jornal con su bestia sacando reses; al postor sin ingresos que no tiene otro modo de vida; al secretario, que con su jornal puede llevar comida a su casa, sin olvidarnos del modesto cazador rural que cada día se encuentra con más trabas administrativas para poder realizar su pasión, cazar.

¿Qué intereses hay detrás de estas acciones? No nos engañemos, lo único, el afán recaudatorio sin tener en cuenta la realidad social. ¿Quiénes los asesoran? Gente que como ellos desconocen nuestro mundo de la caza y sus costumbres. Y no tenemos que olvidar los ataques de grupos que se supone son cazadores, pero que no les interesa que nos movamos. Rehalas, que cuando les brindamos ayudarlos declinan la invitación, diciendo que les dejemos actuar a ellos; rehalas no comerciales que opinan lo mismo y que dicen no sentirse representadas por las asociaciones. ¿Qué ocurre entonces? La respuesta es fácil, no van a ayudar al débil, pues nada ganan. Quedarán solamente las rehalas comerciales para montear en cercones y desaparecerán las demás, es así de triste.

Y esto ocurre con un gobierno central ocupado por un grupo político que se supone es defensor de la caza, pero que al final se une a los demás grupos políticos en el ataque contra la caza y los cazadores. Como otros cazadores, he dejado pasar un tiempo para ver si esto se solucionaba. Pero no se mueve casi nadie. En mis grupos sociales, blog y publicaciones expuse mis opiniones al respecto, que se resumen rápido: si no nos unimos los cazadores, la caza social desaparece y con ella el 90% de las rehalas, monterías sociales y un saber que costó muchos años conseguir.

Grandes rehalas y muy conocidas han tenido que cerrar, lo cual repercute negativamente en las monterías. Muchos no parecen comprender que sin buenas y cuidadas rehalas no existirían esas mismas monterías. Por suerte, ya están en marcha algunas iniciativas que intentan poner solución a estos problemas, la Alianza Rural, por ejemplo, que logró aglutinar en Córdoba el pasado 30 de septiembre a más de 40.000 personas del mundo rural en una histórica manifestación, o a la propuesta de declaración de Bien de Interés Cultural a la Montería y la Rehala en Andalucía y Extremadura. ¡Éste es el camino!

Desde este blog que hoy inauguro apelo a los monteros para que no callen y ayuden a las rehalas. ¿Queremos verdaderas rehalas? Pues si no las apoyamos, tendremos próximo el fin de nuestras tradiciones.

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