



Esta frase, acuñada por San Agustín, refleja para creyentes o no creyentes una enseñanza básica para la vida en una sociedad democrática, de libertad y de derecho. Lo contrario es aquella máxima propagandística de Goebbels: “una mentira repetida muchas veces llega a convertirse en verdad”. Buenos alumnos de este monstruo genocida del holocausto han sido todos los regímenes opresores del ser humano, o del ciudadano, si se prefiere.
San Agustín coloca al ser humano en una posición incómoda, le obliga a ser dueño de su destino, a pensar por sí mismo. Es incómodo en tanto y en cuanto obliga al hombre a afanarse en la búsqueda de la
verdad, sólo de esa forma puede tener capacidad real de opinión, de decisión, es decir, de auténtico ejercicio de libertad. Justo al contrario de lo que suelen hacer los dictadores y las dictaduras. Ellas opinan y deciden por el ciudadano, construyen las verdades oficiales con mentiras repetidas constantemente, de forma que el ciudadano sólo tiene que dejarse llevar, llegan incluso a hacerle creer a este pobre ser oprimido que es realmente libre.
La libertad no es un derecho con el que nace un ser humano, no es una herencia que recibe por justicia. No existe un ser menos libre que un niño, pues éste es absolutamente dependiente, incapaz de decidir por sí mismo. La libertad es un camino de dura lucha y de sacrificio diario para conseguirla, y la única arma que tenemos para ello es la verdad. San Agustín estaba en lo cierto: lo que él aplicaba en su camino interior es absolutamente válido en nuestro camino dentro de una sociedad que se pretende libre y de ciudadanos críticos y responsables.
A esta reflexión he llegado después de ver cómo esos movimientos intolerantes y opresores de Equanimal y “Matar por Matar non” se han dedicado a repetir machaconamente consignas en contra del Campeonato de España de Caza de Zorro. Este campeonato se celebró el pasado 30 de enero en Portomarín, Lugo. En él participaron 90 equipos de cazadores que, con una educación exquisita, tuvieron que soportar los improperios de individuos a los cuales, en unos cuantos casos, se les llegaron a incautar estupefacientes y algún arma blanca por parte de la Guardia Civil.
Llegaron a decir que se estaba cazando fuera de temporada, que el zorro estaba en extinción, que el único lugar del mundo donde se cazan es en Galicia, mancharon con sus pintadas las paredes de un colegio… y paro porque, no tengo ni espacio, ni ganas de enumerar más atentados contra la verdad y la libertad.
Estas falsedades parecen haber ruborizado a colectivos como ADEGA, que este año no se ha personado en las protestas, quedando reducidos estos intolerantes a un par de docenas de coreadores de eslóganes tan falsos como puede ser el del “peligro de extinción de la especie”. Un reciente estudio de la Universidad de Santiago de Compostela sitúa su población en el triple de lo que se puede considerar como óptima.
En esta ocasión, estos intolerantes de condición urbanita, que pretenderían imponer a las gentes del campo el cómo deben de vivir y ges
tionar su medio, han tenido enfrente una manifestación de varias asociaciones de agricultores y ganaderos que, además de defender un medio rural digno, apoyaban la caza sostenible como elemento necesario de control de las especies cinegéticas causantes de daños recurrentes en la agricultura y la ganadería.
Desde estas líneas quiero felicitar la magnífica organización que del evento ha hecho la Federación Galega de Caza. Pero, sobre todo, quiero felicitar el esfuerzo divulgador que está haciendo. La misma ha colaborado con estudios científicos sobre las especies cinegéticas, como el realizado por la Universidad de Santiago con las poblaciones de zorro en Galicia.
Es un camino difícil, pero sin este esfuerzo por alcanzar y demostrar la verdad, dejaríamos el campo libre a las pretensiones de los fanáticos que a base de repetir sus mentiras muchas veces, terminarían acabando con nuestra libertad. De hecho, estos intolerantes han reconocido a la Radio Galega que ellos lo que quieren realmente es acabar con nuestro derecho a ejercer la caza, lo de este campeonato sólo es una excusa.
A nosotros nos resta sencillamente escoger entre dos postulados… el de San Agustín o el de Goebbels… Yo lo tengo claro, ojalá ocurra lo mismo con quién está siendo mi paciente lector.









