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Eduardo_de_Benito

El Blog de Eduardo de Benito

En 30 años dedicados al perro he criado 5 Ch. del Mundo, 1 Ch. de Europa y 11 Ch. de España, Francia, Italia y Hungría. Ocupado cargos directivos en Clubes y Sociedades caninas. Encargado de la actividad cultural en la Exposición Mundial Canina Valencia 1992. Especialista en la Comisión de Agricultura del Congreso de los Diputados para la Ley sobre la tenencia de animales potencialmente peligrosos. He publicado 19 libros sobre perros. Fui articulista habitual en Molosser Magazin (Alemania), Atout Chien (Francia) y El Mundo del Perro (España). Director de las revistas Guau, Perros y Compañía, Mundo Mascota, Perros de Caza y actualmente Pelo Pico Pata.

 

Efectos negativos del castigo físico en la educación

perrroEn todo proceso educativo los premios y castigos conforman una parte esencial de las herramientas de control que maneja el educador. Educar a un perro va más allá del simple esquema estímulo-respuesta (si hace bien tal cosa recibe un premio), pues educar es crear en el educando (perro) por el educador una motivación para realizar correctamente un trabajo. Esta motivación se traduce en la libre vinculación del perro a las tareas que se le demandan.  Una correcta política educativa garantiza que el proceso avance en la dirección correcta.

El castigo fue en el pasado sobrevalorado, nos basta recordar la frase “la letra con sangre entra” empleada por nuestros abuelos. La historia ha desmontado esta creencia y hoy sabemos que el castigo, aparte de demostrar una clara insensibilidad en el que lo aplica, da escasos resultados educacionales. Sin embargo el castigo físico es el método de corrección al que con mayor frecuencia acude el propietario que trata de eliminar una conducta de su perro que le resulta inaceptable. Si le preguntas por qué actúa así, responderá: “Las cosas siempre se han hecho de este modo, una mala conducta se arregla con un buen bofetón”  Para desmontar esta creencia, para interrogarse sobre la utilidad de las cosas, basta recordar lo que los etólogos llaman “la paradoja del mono”

Un grupo de científicos encerró cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de plátanos. Cuando uno de los monos subía la escalera para comer los plátanos los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que se quedaban en el suelo. Pasado algún tiempo, los monos aprendieron la relación entre la escalera y el agua, de modo que cuando un mono iba a subir la escalera, los otros le golpeaban para evitar que trepara. Pasado algún tiempo y tras repetirse en diversas ocasiones la paliza, ningún mono se atrevía a subir la escalera a pesar de la tentación de los plátanos. De este modo todo el grupo evitaba ser rociado con agua fría. Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos. La primera cosa que hizo el mono nuevo al ver los plátanos fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado a golpes por los otros monos para evitar el agua. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo no volvió a subir la escalera. Los científicos decidieron sustituir a un segundo mono, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo en las palizas al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. Con el cuarto ocurrió lo mismo y, finalmente, el último de los veteranos fue sustituido. Quedó entonces en la jaula un grupo de cinco monos que, a pesar de no haber recibido nunca una ducha de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentaba subir la escalera y llegar hasta los plátanos. Si fuera posible que alguno de los monos nos contase por qué le pegaban al que intentaba comer plátanos, con certeza la respuesta sería semejante a la del propietario anterior: “No lo sé, las cosas siempre se han de este modo”

La mentalidad popular supone que además de premiarse la acción correcta debe castigarse físicamente la incorrecta, algo que rara vez aporta beneficios en la educación. Los primeros que empezaron a cambiar este punto de vista fueron los conductistas al formular la “ley del efecto” enunciada por Edward Lee Thorndike. Thorndike comprobó que cuando por azar un animal realizaba una conducta que venía acompañada por una situación grata para él, la conducta en cuestión se repetía cuando el animal se encontraba en idéntica situación. Para los conductistas el premio reviste muchas más importancia que el castigo, de hecho, interpretan el castigo como la privación de un beneficio (premio), por eso le llaman “refuerzo negativo” También debemos a los conductistas conocer que la eficacia en la administración de los premios y castigos exige de inmediatez en la acción. Premiar tarde no sirve. Las teorías sobre la educación, abanderadas por la escuela de psicología behaviorista del psicólogo Burrhus Frederic Skinner, formularon el concepto de “condicionamiento operante”. El condicionamiento operante es una forma de aprendizaje en la que la consecuencia (el estímulo reforzador) es contingente a la respuesta que previamente ha emitido el sujeto.

Admitimos que si una conducta va seguida de una satisfacción el animal tiende a repetir esa conducta. Los procesos de aprendizaje dependen en gran medida de la recompensa obtenida. Cuando tratamos de educar al perro para una tarea, le inducimos a ello mediante alguna clase de premio, el más recurrido es un poco de comida, pues es de sentido común que se premie el trabajo bien hecho. ¿Y qué pasa si una conducta es seguida por un castigo? En nuestra relación con el perro tradicionalmente hemos instaurado una política que podemos denominar de la zanahoria y el palo (premio y castigo). La mentalidad popular da por cierto que si se premia la acción correcta debe castigarse la acción incorrecta. La experiencia ha probado que mientras la recompensa siempre refuerza la respuesta correcta, el castigo, en general, no debilita la incorrecta. La proposición: “El estímulo aversivo inhibe el comportamiento indeseable”, no parece acertada.  El miedo al castigo provoca que el perro trate de evitarlo mediante un comportamiento de huida, mientras que la conducta indeseada permanece inalterable. En general el castigo tiene efectos negativos, el perro responde con la huida o con la lucha si tiene un temperamento dominante. En perros que han sido severamente castigados durante su educación podemos observar un interesante comportamiento, tan pronto ven los instrumentos educativos como la traílla, aumentan los latidos de su corazón y muestran ansiedad, es el denominado estrés educacional. Ello supone un factor muy negativo para el aprendizaje, pues incluso pueden dejar de realizar actividades aprendidas anteriormente, aunque por esas actividades nunca hubiesen recibido castigo. Se produce una proyección de los estímulos displacenteros hacia actividades que antes realizaba con agrado.

La razón de ello es el comportamiento que el perro adopta ante el castigo, la suya es una respuesta social instintiva. El perro al que castigamos va a responder humillándose, esconde la cola entre las patas y se muestra sumiso; nos está enviando señales de apaciguamiento, nos ve como un superior amenazante y trata de tranquilizarnos. El castigo rara vez logra que el perro establezca una conexión mental entre su propio comportamiento indeseado y nuestra respuesta. En palabras claras, no entiende que es castigado por haber hecho algo mal sino que lo interpreta como un acto de dominancia social por nuestra parte, de ahí que el castigo resulte inútil en la mayoría de los casos.

Desde el momento en que un cachorro entra en casa comienza una educación silenciosa, de la que la mayoría de las veces el propietario no se daperrro 2 cuenta. Es una enseñanza basada en los estímulos positivos o negativos que el animal recibe. El cachorro corretea, come, defeca, juega, realiza multitud de acciones que le van a provocar places o displacer. Si el resultado de la acción es positivo tenderá a repetirla, si fue negativo a evitarla. Ese vivir cotidiano crea un poso de “sabiduría”, que condicionará su vida adulta como perro y su capacidad para aprender aquello que queremos enseñarle. El aprendizaje responde a una multitud de estímulos del más variado orden y una sensibilidad y motivaciones características de cada raza.

La conclusión es que debemos eliminar o reducir al máximo el castigo físico, denominado “castigo positivo” y si necesitamos emplear un estímulo aversivo recurrir al castigo negativo. Se entiende por castigo positivo acciones como golpes, gritos, tirones de la correa, collares eléctricos. Resulta poco eficaz para disminuir la frecuencia de una conducta. Por su parte el castigo negativo busca eliminar una conducta cuando se retira algo agradable que ocurría después de esa conducta. Por ejemplo, estás jugando con tu cachorro que sobreexcitado te muerde, inmediatamente dejas de jugar, entonces le estas aplicando un castigo negativo (si le dieras un bofetón sería un castigo positivo) Positivo hace referencia a añadir algo, el estímulo aversivo (bofetón) y negativo a retirar algo placentero(la continuación del juego)

Si tratas con violencia a tu perro nunca conseguirás educarle. El castigo positivo (castigo físico) provoca efectos muy negativos en el animal. Al estar asociado al dolor, (a todos nos duele un bofetón), puede provocar una agresión refleja de defensa, por lo que incrementa la agresividad en el animal. Deteriora la confianza del perro en tu persona, el castigo provoca problemas emocionales como ansiedad y estrés, el perro te asocia con los castigos y además de desconfiar de ti estas creando un perro tímido, inestable emocionalmente, que no aprenderá nada. Los perros se acostumbran a los castigos, el castigo produce habituación, lo que obliga a incrementar progresivamente la intensidad de los castigos entrando en un círculo vicioso. Primero bastaba un tirón de la correa, finalmente los tirones de correa no sirven para nada. Y, finalmente, con el castigo el perro no aprende la conducta correcta, e más grave aún, inconscientemente puedes estar reforzando la conducta que precisamente quieres eliminar, pues el simple hecho de prestar atención a tu perro para castigarle actúa como un reforzador de esa conducta. Es el ejemplo del perro que ladra para llamar la atención, si le ignoras termina cansándose y la conducta de ladrar desaparece, si acudes a regañarle ladrará más fuerte en el futuro, pues consiguió lo que deseaba, llamar tu atención.

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Perdón Eduardo, la privación de un prmio no es castigo y refuerzo negativo es otra cosa ¿ ?

Aplicando premios positivos y castigos negativos es difícil que una persona sin experiencia cometa abusos en la educación del perro que luego tengan difícil solución. Es la gran aportación del condicionamiento operante que definió Skinner
El castigo consistente en la privación de un premio, es castigo negativo.
Un Refuerzo Negativo consiste en incrementar la frecuencia de una acción deseable eliminando algo que resulta molesto Cuando paseas con tu perro atado no quieres que tire de la correa. Si el perro tira tu das un tirón seco de la correa en sentido contrario. Tu tirón seco es el factor aversivo, al perro le resulta desagradable y para evitarlo deja de tirar de la correa. Se incrementa la conducta deseable de no tirar porque al no tirar se retira algo desagradable, el tirón que le das.
El refuerzo negativo se sitúa en el mismo plano que el castigo positivo, motivo por lo que es menos eficaz en el adiestramiento que el refuerzo positivo
Es importante no confundir “positivo” con “bueno” y “negativo” con malo. Es positivo cuando el perro recibe algo y es negativo cuando se le quita algo.
Básicamente tendríamos
Castigo positivo: Golpes, gritos, collares de estrangulamiento, etc.
Castigo negativo: La retirada de algo gratificante por realizar el perro una conducta no deseada. Aquí entra, por tanto, la retirada de los refuerzos positivos
Refuerzo positivo: Un premio como la comida, caricias, cualquier cosa deseada por el perro y que le empuja a realizar una conducta para recibir ese premio.
Refuerzo negativo: La existencia de algo molesto que cesa cuando desparece una conducta, por tanto está estrechamente ligado con el castigo positivo.

El perro es cultura

MUYBUENAS EDUARDO
Un saludo desde el Pantano del Ebro, zona de Reinosa, concretamente desde Valdeprado del Rio,no sé si te llego un correo que te mande,pero aqui me tienes si me necesitas.
Con respecto al tema que nos ocupa, siempre que tenemos que tener presente que el comportamiento de un perro,en este caso,va inducido,por la persona que convive con èl.
Yo siempre comento que no fallan los metodos ,los habra mejores o peores,somos las personas las que fallamos en ejecutarlos adecuadamento o inadecuadamente.
Mis amigos y gracias, tengo muchos,mas de la mitad tienen collares denominados de adiestramiento,y tambien los hay anti ladrido, conozco un tekel,de pelo corto, que su dueño tiene una tienda de fotografia,y él es la estrella del local,tiene puesto ese collar, por que a medida de que mas caricias y mas atenciones mas ladridos, y de eso sabemos todos alguno mas.
Mi metodo anti ladrido ,un manguerazo de agua y se acabo,no hace falta mojarles,solo con el acto ya lo entienden.
Yo particularmente en mis treintaisiete años de cazador,oficial,nunca me ha dado por comprar un collar,ni de castigo
ni de señalización,aqui se utiliza mucho para la sorda.
Lo que nosostros denominamos sociabilización,solo se imparte,y es efectiva, cuando se pasa el propietarios muchas
horas con su compañero.
Nuestra vida tan ajetreada,y con tampoco tiempo,para difrutar de nuestro perro, nos lleva a utilizar metodos, no adecuados he incluso contraproducentes,el castigo, como medida de corrección,o de aprendizaje.
Mi amigo Manolo, que es adiestrador, como Sensey, y participa y gana muchos concursos con el Pinto ,que es el padre del Romeo mi Pointer,siempre dice que la gente es muy insensata al utilizar el collar,que se pueden (joder) muchos perros con una mala utilización.
Pero estaras conmigo, que todos somos adiestradores y nadie quiere consejos.
Mis perros son visitados por mí, todos los dias,sino es al medio dia ,a las diez de la noche, los acaricio, los doy autoridad, y nunca he tenido un metodo especifico de adiestramiento, los he presentado a concursos, de belleza y de trabajo,que no estan a la altura de los presentados, por Sensey, Manolo,Juan Blanco,otro amigo cazador y adiestrador
que tambien presenta sus perros a concurso, todos sabemos nuestras limitaciónes,o debieramos saberlas.
Yo particularmente, me niego salir al campo con el mando a distancia,y lo mismo digo con el localizador.
Que pasa,esto para mi no es salir a ver al perro cazar,es salir y esperar el sonido hacia donde tienes que correr para efectuar el larce,eso sí, contar que la cobraste, pero como ha sido el lance,sino lo has visto.
Mi metodo ha sido siempre el mismo,el mayor contacto posible con ellos,ablarlos, entenderlos y ser firme en las correcciones y expresivo, en los objetivos conseguidos.
Ya he comentado varias veces,los problemas de estos perros de carreras, que cazan a cien metros del cazador, las perdices,la Neska mia, una Setter de Playabarri, hasta este media veda,no hacia mas que renegar con ella,y fijate hoy que tiene cinco años ,tres y medio con migo,digamos que es de segunda mano,este año estoy contento, bamos que empiezo a querrerla, el que cace cerca y venga a la llamada me ha costado dos años, solo con la socihabilización
me ha costado sudor y cabreos.Su antiguo propietario la intento enseñar con collar, de las dos clases mencionadas
un dia comentandoselo me dice,ponle el mio llevatele,solo ponersele, se pego a mi, y no se separo en todo el rato,si no se le quito, igual la lio.
Hoy puedo decir que seve que la perra tiene plena confianza en mi, y poco a poco se van limando esas actuaciónes
que no me gustaban e incluso me desesperaban.
El tiempo,es el mal de nuestra mal llamada sociedad,no tenemos tiempo ni para disfrutar de nosotros mismos, y queremos adoctrinar un ser de otra naturaleza,con estos,nuestros metodos.
Un saludo parati Eduardo y a todos los contertulios,si, enseñar a un hijo,cuesta sudor y lagrimas, como queremos
que en cuatro actos y a la carrera nos entienda nuestro animaluco. Por que que tengamos por seguro, que ellos
nos entienden mucho mejor que nosotros a ellos.

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